Las viviendas de lujo de Fuencarral 77 se entregarán a final de año: quedan 11 por vender

Quien tenga entre 600.000 euros y 1.595.000 euros aún está a tiempo de poder adquirir una de las 11 viviendas de obra nueva que quedan disponibles en Fuencarral 77

Fachada de Fuencarral 77. El aspecto exterior de las plantas superiores, dedicadas a vivienda, ya luce acabado | SOMOS MALASAÑA

Junto a otras promociones de viviendas de obra nueva que están a punto de ser entregadas en el barrio de Universidad, la de Fuencarral 77 es una de las más esperadas, tanto por el tiempo que lleva en construcción como por lo emblemático del lugar en el que se encuentra. En el edificio que antiguamente fuera propiedad de la Tesorería de la Seguridad Social y en cuyos bajos se ubicaba un corredor comercial muy transitado por vecinos del barrio, al unir Corredera Alta de San Pablo con Fuencarral, se están acabando de construir 33 viviendas de lujo. Comercializadas por la empresa Gilmar, sólo queda por vender un tercio de las mismas, según información consultada en el portal inmobiliario Idealista.

A finales de este año es cuando está previsto que los nuevos propietarios reciban sus pisos y puedan convertirse en vecinos de la zona. El edificio, adquirido por el fondo de inversión GreenOak por 21 millones de euros en septiembre de 2015, contará con dos portales de entrada: a uno se accederá por la calle Fuencarral y dará servicio a 30 viviendas, ubicadas entre la segunda y la séptima planta del inmueble, dado que las dos plantas inferiores se reservarán a espacio comercial; al otro se llegará por Corredera Alta de San Pablo y habilitará la entrada a otras tres viviendas, que contarán con un patio interior ajardinado de cuidado diseño. Las viviendas con entrada por Fuencarral tienen una superficie de entre 68,78 m2 -los estudios- y 227,24 m2 y muchas de ellas cuentan con terraza.

Entrada al edificio por Corredera Alta de San Pablo | SOMOS MALASAÑA

Cada vivienda dispondrá de trastero y en la cubierta del edificio se ha proyectado una piscina y una zona de solárium con césped artificial. Además de estos pluses, el lujo de la promoción lo marca también su ubicación y los detalles y calidades de los pisos que la componen: suelo radiante y refrescante por geotermia, cocinas amuebladas y equipadas con electrodomésticos integrados de primeras marcas, domótica…

La vivienda más barata de las que quedan en venta tiene un precio de 600.000 euros y cuenta con un dormitorio y 87 m2. En el lado opuesto, la más cara es un ático de tres dormitorios situado en la sexta planta, tiene 208 m2 y su precio es de 1.595.000 euros.

La parte de los bajos comerciales está aún por acabar | SOMOS MALASAÑA

Sobre los espacios comerciales que se situarán en los bajos de Fuencarral 77 poco ha trascendido, más allá de las imágenes promocionales ofrecidas por la constructora. En ellas se observan grandes vanos acristalados ocupando la totalidad de las dos primeras alturas del inmueble y cómo la entrada a los pisos con acceso desde la calle Fuencarral queda desplazada a un pequeño espacio situado a la izquierda del edificio, con el fin de aprovechar al máximo la zona comercial.

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3 Comentarios

  1. Vecinus Maximus

    Y así, amigos, se produce la supergentrificación, regentrificando la zona ya gentrificada.
    Mientras tanto, los vecinos, hasta las narices de aguantar una mala calidad de vida que roza la desesperación en ocasiones, se van marchando dejando sitio a nuevas formas de especulación con la vivienda y siempre bajo la permisividad de los gobiernos municipales, autonómicos o centrales, sean del signo que sean.

    La suciedad de la zona, el botellón, la falta de espacios verdes, de espacio vital en general, etc. todo eso cambiará cuando los nuevos habitantes decidan que YA se puede empezar a vivir en esa zona, entonces todos los problemas terminarán como por arte de magia. El que aguante en el barrio más años de mierda y no se deje tentar por una venta jugosa de su piso tendrá como «recompensa» habitar un barrio medianamente normal, algo que debía garantizarse desde hace décadas. Eso sí: caro con mayúsculas. Para hacer la compra preparen la billetera porque el pan de masa madre, los tomates ecológicos, los huevos de corral, las legumbres a granel y la leche de arroz no son productos baratos. Un sushi de primera, con eso sí podemos contar,

    Estamos dormidos como vecinos. ESTO VA A OCURRIR SÍ O SÍ y solo vamos a ser testigos de nuestro propio desgaste: Las asociaciones del barrio siguen las normas del juego y piden soluciones al Ayuntamiento. Pero EL JUEGO ES OTRO YA y tiene unas normas que son salvajes y no tienen en cuenta lo que creemos que debería estar de base. Lo de buscar el bienestar para el ciudadano es un anacronismo del siglo XX. Esa política desapareció, el escenario es otro y deberíamos ser implacables como vecinos. O tomamos las riendas de lo que queremos que sea este barrio y lo tomamos sin pedirlo o nos podemos olvidar. Nos van a marear con reuniones, compromisos, etc. pero eso no va a ningún lado, el tren está en marcha y hay que partir la vía para que no ruede, no tratar de frenarlo con manifestaciones. Eso no sirve ya, el poder económico nos lleva años de ventaja. A no ser que hubiera unanimidad e implicación, pero eso también es un anacronismo que no debemos esperar.

    O despertamos como barrio y somos molestos o vamos dados. Los caminos y formas de lucha vecinal del siglo pasado no sirven ya. ¡¡NO SIRVEN YA!!
    Ni siquiera Lavapiés ha podido contra su destino a pesar de sus asociaciones vecinales, mucho más combativas y directas que las de Malasaña. Hay que encontrar el camino para que nos dejen una parcelita donde vivir más o menos agusto y pasa por ser molestos, necesariamente.

    Es mi forma de ver este problema, porque si el Ayuntamiento no pone fin a problemas de solución muy sencilla es por algo. Y todo parece indicar que es porque el poder económico ha decidido volver a vivir en el centro de las ciudades. Es la tendencia en muchos otros sitios y no me creo que vayamos a ser la excepción. Así que el Ayuntamiento se lo pone fácil, los vecinos nos vamos y ellos llegan. Entonces el Ayuntamiento tomará cartas en el asunto. Nuestros problemas mas directos son de una solución pasmosamente sencilla. El botellón, los ruidos, los bares ilegales, la venta ambulante, la falta de limpieza, etc. se pueden revertir con un poco de voluntad. El problema del mercado inmobiliario es bastante más complicado.

    Conclusión: Busquemos caminos para presionar de otra manera o aceptemos la derrota. Les dejo en paz y yo me quedo un poco más agusto.

    Saludos

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    • @capitan_malasana

      Totalmente correcto el análisis, a la espera de que en unos años desaparezcan los «indígenas» y el Centro (también sin contaminación) se convierta en la primera o segunda vivienda de las élites mas privilegiadas. Y si, es posible que las Asociaciones de vecinos les estemos haciendo el trabajo sucio de protestar para «limpiar» el centro.

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      • Vecinus Maximus

        ¡Oh Capitán, mi Capitán!

        No me refiero a que desde las asociaciones se haga el trabajo sucio. Me parece una reacción legítima, moralmente impecable y muy lógica. Desde aquí mi admiración hacia todos los implicados.

        Mi punto de vista es el siguiente: Los vecinos, como norma general, desean el bienestar propio y también el de la gente que tiene en su entorno, porque entienden que es la forma de vivir en el barrio. Al ver que se van perdiendo derechos se organiza y lucha por lo suyo de la mejor manera que conoce, como se hizo siempre: organización en asociaciones para llegar a consensos y reclamar todos a una por la vía tradicional, llamadas de atención en medios, carteles, etc.

        No me gusta, pero estoy profundamente convencido de que esa forma de protesta en este siglo (por poner una fecha) está anticuada y no consigue resultados reales más allá de pequeñas batallas que parecen ganadas, al menos temporalmente. Creo que nuestras autoridades son vergonzosamente ineptas y de muy cortas miras y eso va en nuestra contra porque no nos consideran agentes imprescindibles para la buena marcha de la nueva vida del barrio, que lo somos, porque cuidamos de muchas cosas. Llevamos demasiado tiempo gobernados por gente (no quiero ni llamarlos élites) que ha llegado a la cúpula de sus partidos de forma mediocre, chabacana, sin contacto con la realidad social, solamente analizada en cifras desde despachos por «expertos» en la materia (en los papeles) que no tienen en cuenta la dimensión humana de los ciudadanos. Diseñan nuestra vida en base a intereses de quien más presiona o de quien más sacarán un rédito. Lleva siendo así décadas.

        Por tanto, tratar de revertir sus dinámicas a día de hoy donde los pasteles son tan jugosos, donde en España en general estamos vendidos al turismo, donde sólo se busca el crecimiento inmediato y la escalada de cifras bestia caiga quien caiga, donde cualquier rincón susceptible de explotarse se explota y se permite -sea legal o no-, requiere una acción vecinal diferente.

        Ojo, es mi punto de vista y no es una crítica a la realidad actual. Pero en España tenemos políticos tan mediocres que nunca llegan a acuerdos comunes sobre la dirección o el objetivo de ningún aspecto. Luego deberían ofrecernos diferentes proyectos defendidos por los partidos para llegar a ese objetivo definido de forma común a grandes rasgos y que revertiría en el bienestar de la población, así en general. Eso en España es una utopía dada la baja altura política (vamos, que me salen carcajadas mentales al pensarlo).
        Pues en Madrid es lo mismo, pero elevado al cuadrado. Lejos de pretender ser una capital avanzada llevan años con la idea de explotar el centro en todos sus aspectos, porque aquí no se puede vivir, hay que irse a las afueras (aunque hace años decidieron que ellos sí vuelven al centro). Y no van a parar ese plan solo porque a algunos vecinos les moleste. Total, sólo molestan un par de cientos en el mejor de los casos y la dinámica es que ya se van yendo por sí solos dado el desgaste y la evolución lógica de quien quiere un poco de calidad en su vida. Al final son muchos los años incómodos que se solucionan de un plumazo mudándose, así que es lógico que quien quiera limpieza, tranquilidad, espacio y zonas verdes se decida y se vaya. Ellos lo saben y sólo tienen que dar caramelitos de cuando en cuando en forma de limpieza de paredes, presencia policial intermitente, adoquinado, etc. Pero eso cada vez lo valoran menos vecinos porque 3/4 del barrio está de paso: turistas que pasan días o jóvenes que pasan pocos años, muy centrados en el ocio y poco en vivir en un barrio con cierta calidad o en utilizar un parque, por ejemplo. Somos individualistas, cada vez más, queramos o no.

        En este escenario es donde hay que moverse, es la realidad. Y 200 o 300 vecinos medianamente concienciados y/o activos desde el punto de vista tradicional (siendo optimistas) con intereses comunes son demasiado pocos frente a muchos miles ocupados en sus quehaceres y en pasarlo bien que viven o vienen. Pero si esos 200 o 300 toman sus derechos sin pedirlos, al estilo institucional/empresarial de -por ejemplo- abrir un bar ilegal y luego ya veremos pero yo lo tengo abierto, quizá se gane más. A estas alturas reclamar los derechos pidiéndolos o tomándolos sin preguntar me parece igual de legítimo porque no se busca más que recuperar lo que nos pertenece. Y eso es difícilmente condenable vía legal si se hace de forma pacífica pero determinante y firme. Quizá en primera instancia haya quien denuncie puntualmente algo pero revertirlo legalmente llevaría años ( y no habría legitimidad) mientras ya sería posesión de los vecinos. Es decir, deberíamos tomar nuestro espacio público y ser molestos con el que quiere darle otro uso. Me refiero al botellón que trae consecuencias tan nefastas para la vida de los vecinos, a los eventos constantes, etc. No se puede echar a la gente que viene a visitar el barrio, a consumir en sus bares legales o a comprar en sus millones de tiendas caras. Todo lo que sea legal, aunque poco deseable por la masificación, no es combatible directamente, pero lo ilegal o ilegítimo creo que sí se puede tomar sin más y molestar al que molesta. Si alguien no se puede tomar una lata de cerveza cómodamente, no estará en la plaza, resumiendo. Puede ser la policía la que moleste o 200 vecinos presentes con cara de pocos amigos. Sin amenazar, hablando y quitándoles esa tranquilidad de la que disfrutan ahora.

        Y cuando desde el Ayuntamiento vean que los vecinos han pasado a la acción, que se han saltado el cauce normal de llamar a la policía y esperar, que no confían en ellos, que eso puede generar conflictos o situaciones peligrosas, que puede tener un efecto llamada porque unirse a grupo fuerte es más sencillo, que ellos son cómplices por inacción, etc. igual toman cartas. Yo otra forma no veo.

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