Ciudadanos pidió en 2017 un «proyecto vecinal» para San Bernardo 68 en lugar de oficinas | Somos Malasaña

Ciudadanos pidió en 2017 un «proyecto vecinal» para San Bernardo 68 en lugar de oficinas

Llevó el debate al pleno de la Junta de Centro y acusó al gobierno de Carmena que querer meter en el edificio "un aparato burocrático que no aporta nada al barrio". Dos años después, su concejala Sofía Miranda apuesta por trasladar a todos los funcionarios de Deportes a este espacio que iba a albergar un centro sociocultural

Presentación del centro cultural de la calle San Bernardo | SOMOS MALASAÑA

Donde dije «dotación vecinal», ahora digo «oficinas para mi área». Los representantes municipales de Ciudadanos han cambiado de discurso en solo dos años con respecto a San Bernardo 68, el edificio en el que el Ayuntamiento pretende alojar oficinas de un área que controla la formación naranja, la de Deportes, y acabar con el proyecto de centro sociocultural para el que se están desarrollando obras actualmente.

Era mayo de 2017 cuando el portavoz de Ciudadanos en el distrito Centro, Ignacio Perelló, llevaba una iniciativa al pleno de la Junta en la que solicitaba promover e impulsar «el proyecto vecinal aprobado para las plantas superiores del edificio de la calle San Bernardo 68, consistente en la implantación de un centro cívico y cultural para la zona norte del Distrito denominado Espacio Malasaña«. Además, solicitaba paralizar «el inminente traslado de servicios administrativos de urbanismo a las referidas plantas”.

Perelló calificaba de «horrible noticia para el barrio» la llegada de las oficinas por las que abogaba entonces el equipo de Manuela Carmena, que quería llevar allí los equipos de Urbanismo que actualmente están ubicados en unas oficinas municipales de la calle Palma. «Se mete un aparato burocrático que no aporta nada», se quejaba el portavoz de Ciudadanos, mientras observaba «un déficit importante de elementos dotacionales».

El representante de la formación de Villacís dijo en su momento estar «relativamente contento de que al edificio de San Bernardo no vaya a ir un grupo de funcionarios, por otra parte sin duda muy necesarios, pero que no aportan nada ni al barrio, ni a los vecinos y vecinas en un distrito, en un barrio, en el de Universidad, que está enormemente deficitario de dotaciones públicas», según consta en el acta de la sesión en la que se formuló la propuesta.

Además, acusó al entonces equipo de gobierno de ejecutar políticas del «ahora digo y digo Diego, y ahora sí y ahora no» porque «las decisiones que toman son siempre en función de criterios, no sabe si periodísticos, políticos, de presiones de grupos, pero nunca en función de las necesidades reales de los vecinos». Perelló añadía: «Su credibilidad política está cada día más en cuestión».

Aquella idea del gobierno de Carmena de trasladar a San Bernardo 68 a funcionarios de Urbanismo fue finalmente desestimada. Mucho tuvo que ver en aquello la contestación vecinal con la que se encontró y algo la predisposición del entonces concejal de Centro de hacer valer la voluntad de los vecinos frente a los planes del área municipal correspondiente.

Interior de San Bernardo 68, el día de la presentación del proyecto

El periódico Somos Malasaña solicitó este martes a Ignacio Perelló una valoración sobre su iniciativa de 2017 y el vuelco dado por su formación, Ciudadanos, a raíz de las intenciones de su compañera de partido Sofía Miranda de llevar el área de Deportes a San Bernardo 68 y acabar con el proyecto sociocultural, pero hasta el momento no ha obtenido respuesta alguna. Perelló estuvo incluso presente el día de la presentación oficial del espacio de San Bernardo 68 como futuro centro sociocultural, mostrando su total apoyo al proyecto.

Por su parte, Miranda se ha escudado en el ahorro que para las arcas municipales supondría que los funcionarios asignados a la nueva área de Deporte abandonen las instalaciones de alquiler en las que se encuentran alojados en la actualidad y que suman 800.000 euros anuales. Nada dice, sin embargo, de que fue en la etapa como alcaldesa de Ana Botella cuando los que son hoy sus socios de gobierno, el PP, llevaron a cabo una decidida política de venta de espacios municipales que servían o podían servir para tal fin, apostando por irse de alquiler a esos otros lugares de los que hoy quieren marcharse. Si para las cuentas del actual Ayuntamiento esos 800.000 euros anuales de gasto son una losa, para un barrio sin apenas dotaciones municipales ese supuesto ahorro tiene un coste incalculable que comenzará a pasar factura al vecindario desde finales de septiembre, fecha desde la que estaba previsto que la zona disfrutara de las nuevas instalaciones.

CONFUSIONES y DESINFORMACIÓN SOBRE UN ESPACIO MALDITO

En el mismo pleno de la Junta de Centro en el que Ciudadanos defendió en su día San Bernardo 68 como centro sociocultural para el barrio, el entonces concejal del PP Íñigo Henríquez de Luna (ahora militante de Vox) confundió la Plataforma Maravillas con el Patio Maravillas y atribuyó a la segunda organización la influencia para llevar a cabo el proyecto de este centro sociocultural. A esas alturas, el Patio Maravillas -movimiento social que okupó varios edificios de Malasaña- había abandonado cualquier intención de influir en las decisiones municipales, ya que iba camino de la disolución, que certificó dos meses después.

La Plataforma Maravillas, con la que Henríquez de Luna se confundió y que sí apoyaba San Bernardo 68, es el conjunto de asociaciones y colectivos vecinales y empresariales del barrio (agrupa desde tres asociaciones de comerciantes hasta las ampas de colegios e institutos y a entidades como la Cruz Roja). El equívoco -que han cometido más políticos durante los últimos años- llega por la coincidencia nominal, ya que tanto la Plataforma como el Patio tomaron su apellido del nombre histórico del barrio de Malasaña, Maravillas.

La gestión del centro sociocultural planeado en San Bernardo 68 iba a ser totalmente municipal, ni autogestionada por los movimientos vecinales ni asamblearia, si bien había planes de tener muy en cuenta la opinión del tejido social de la zona.

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