Centro repite en Lavapiés lo que hizo en Malasaña y deja sin alternativa pública al banco de alimentos de la zona

El concejal de Centro no encuentra un espacio público donde la red de apoyo La CuBa, que atiende en los barrios del sur del distrito a 3.200 personas, pueda seguir desarrollando su labor. En Malasaña, los responsables del banco de alimentos siguen reclamando la Casa del Cura para asegurar su continuidad

Actual sede de LaCuBa, en el Teatro del Barrio (calle Zurita, 20) | Imagen: Plataforma La CuBa

La CuBa (Lavapiés Cuidando Barrio) es un colectivo vecinal creado para dar respuesta urgente a la situación de desamparo que, debido a la crisis social provocada por el Covid-19, afecta a numerosos vecinos del sur del distrito Centro. Actualmente esta red, que forma parte de la plataforma Cuidados Madrid Centro y cuenta con 150 voluntarios, alimenta a 3.200 personas en su faceta de despensa solidaria. Sin embargo, a partir del lunes es posible que no pueda seguir prestando el importante servicio que viene realizando desde el inicio del estado de alarma debido a que no tiene un espacio físico desde el que continuar con su labor.

Hasta ahora La CuBa ha estado operando desde las instalaciones del Teatro del Barrio, empresa privada que le prestó su espacio pero que retomará su actividad habitual la próxima semana. Ante esta situación, esta red de apoyo mutuo ha pedido al concejal del distrito, José Fernández, la cesión temporal de un local municipal desde el que seguir adelante con su banco de alimentos, pero la Junta de Centro argumenta que no dispone de tal espacio, dejando sin alternativa pública a esta red y, en consecuencia, pendiente de un hilo la ayuda que presta a 800 familias y a unas 400 personas en situación de calle.

Decepción

Representantes de La CuBa aseguran sentirse decepcionados con la respuesta del distrito y afirman que les consta la existencia de varios espacios municipales vacíos en el barrio susceptibles de darles cobijo, aunque en cualquier caso, durante la reunión mantenida el pasado miércoles con el concejal del distrito éste les dejó claro que, aunque hubiese un espacio disponible, en ningún local público se pueden almacenar alimentos perecederos sin la correspondiente licencia.

«Desde el Ayuntamiento se había asegurado a varios medios de comunicación que tenían una solución pública de espacio para albergar nuestra despensa solidaria a partir del día 8 de junio, pero en el encuentro que hemos tenido con el concejal no se nos ha ofrecido ninguna posibilidad inmediata y, es más, se nos ha dicho que no hay alternativa posible en todo el distrito. La alimentación y el acompañamiento de 3.200 personas está en peligro, por lo que esperamos que el Ayuntamiento de Madrid reconsidere su postura», denuncian y advierten desde La CuBa, al tiempo que insisten en que poder ofrecer alimentos perecederos a sus usuarios es una prioridad para su funcionamiento como despensa, además de ser algo básico para una buena alimentación.

Recuerda el colectivo que a ellos sólo les preocupa apoyar a aquellos vecinos que están pasando por situaciones de vulnerabilidad estos días y que el trabajo de apoyo que están haciendo debería recaer en los profesionales de los servicios sociales municipales pero que, dado que esos vecinos no han encontrado ayuda suficiente en la Administración, no les ha quedado otra alternativa que tratar de suplir esa carencia. Al mismo tiempo, la red critica con firmeza «que las administraciones no solo sean incapaces de gestionar las necesidades alimentarias de los ciudadanos a través de los recursos que estos mismos pagan con impuestos», sino que además se amparen en impedimentos legales, «que están agilizando para otro tipo de necesidades derivadas de la situación de pandemia», para no posibilitar que entidades que están respondiendo a las necesidades de miles de personas sigan con su labor.

Fuentes de La CuBa indican a Somos Malasaña que en la reunión mantenida con el concejal de Centro el único espacio que se les ofreció fue un local de la calle Amparo de sólo 30 metros cuadrados. En cuanto a la norma de no poder almacenar productos perecederos en un local municipal sin la pertinente licencia, la red vecinal tiene muy claro que «si hay disposicón, hay solución» y pone de ejemplo las «habilitaciones rápidas» que desde el Consistorio han puesto en marcha en asuntos como los de permitir la ampliación de terrazas a locales de hostelería.

La CuBa dice haber agotado todas las opciones que tenía para encontrar por su cuenta una nueva ubicación en el barrio de Embajadores. Ninguna ha sido viable, «bien por la negativa de las instituciones -tanto locales como estatales-, bien por tratarse de soluciones aportadas por otros colectivos y que interferirían con su trabajo». Lamenta que las instituciones no tengan una respuesta para las 3.200 personas que reciben su apoyo, mientras que a contrarreloj siguen buscando vías para no tener que desaparecer.

Alimentos perecederos procedentes de donación en el banco de alimentos de Malasaña | Imagen: Malasaña-Conde Duque-Chueca Acompaña

Una historia conocida

El caso en el que se encuentra esta popular red de apoyo mutuo de Lavapiés, una de las que operan en la zona sur del distrito, recuerda mucho al que vive el banco de alimentos de Malasaña y es extrapolable al de cualquier otra red solidaria nacida en espacios urbanos en los que los colectivos sociales de la zona en cuestión carecen de lugares de reunión y encuentro desde los que, en un momento dado, poder responder ante situaciones de urgencia como la generada por la actual pandemia.

Si a día de hoy está funcionando una despensa solidaria al norte del distrito Centro es porque la red de la que depende, Malasaña-Conde Duque-Chueca Acompaña, le encontró acomodo temporal en la sede de la organización Ecologistas en Acción Madrid. A día de hoy esta despensa atiende a más de 550 personas, habiendo repartido más de 5.500 kilos de alimentos entre sus usuarios en sus escasas semanas de vida.

La red vecinal que la sostiene también acudió en su día al concejal de Centro en busca de un local en el que instalarla, si bien en su caso tenían claro cuál era el ideal para su fin: la llamada Casa del Cura, un edificio municipal cuya gestión fue otorgada por concurso público a una asociación vecinal y que el Ayuntamiento mantiene vacío por, según argumenta, un problema burocrático con los contadores de la luz del señalado espacio.

Tras negarles el uso de ese edificio, Centro ofreció temporalmente al incipiente banco de alimentos del barrio un espacio en los bajos del centro Cultural Clara del Rey, cuya cesión, sin embargo, venía con letra pequeña: una vez más, la prohibición de almacenar en él alimentos perecederos.

Ayer miércoles, el banco de alimentos de Malasaña recibió una importante donación de kilos y kilos de fruta por parte de la Embajada Argentina y, al mismo tiempo, el Banco de Alimentos de Madrid le entregó más de 460 kilos de alimentos frescos. De no haber encontrado amparo en la generosidad de Ecologistas en Acción estas donaciones, necesarias para la buena alimentación de las personas a las que atienden y que irán directamente a sus cestas solidarias, no podrían haberse aceptado.

La CuBA está en tiempo de descuento; Malasaña-Conde Duque-Chueca Acompaña no sabe cuánto más podrá seguir operando su despensa desde la sede de Ecologistas en Acción Madrid. Ambos colectivos reclaman una alternativa pública de espacio al concejal del distrito.

Le va a ser difícil al Ayuntamiento explicar que, mientras, por una parte, reconoce sus dificultades para atender la avalancha de peticiones de ayuda que está recibiendo por la crisis provocada por el Covid-19, por otra, permite que redes de apoyo funcionales y resolutivas como las citadas puedan desaparecer, en estos difíciles momentos en los que se antojan más necesarias que nunca, por no tener un lugar físico desde el que operar. La subsistencia básica de cerca de 4.000 personas del distrito está en juego.

 

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