Tropicalista, cócteles y picoteo brasileño

Comer y beber en modo paulista en Malasaña

Donde estaba el Porrón canalla ahora está el Tropicalista, el sistema reponedor en Malasaña va a tope, no sé ya a cuantos sitios he ido que ahora son otros sitios. Esto es un no parar, la crítica gastronómica cada día resulta más útil, claro que sí.

Elegí este establecimiento porque ganó, con su cóctel Bethânia, Coctelsaña y me entró cierta curiosidad por saber cómo era la bebida ganadora; además, me pareció una propuesta curiosa, cócteles y picoteos brasileños, interesting. Su nombre, Tropicalista, es la suma de Tropical + Paulista (es decir, gente de São Paulo), así me lo aprendí yo.

Como música de acompañamiento voy a poner al hermano de la del cóctel (Maria Bethânia), es decir, a Caetano Veloso, que en otras épocas me arrullaba con su voz cálida y melodiosa.

Precioso directo amoroso. Ah, el amor, qué bonito es para verlo de lejos, para idealizarlo, soñarlo y dejarlo ahí puesto, no tocarlo y no convertirlo en algo material, tangible y, por lo tanto, humano, sí, demasiado humano como diría aquel señor alemán.

Bueno, pues nada, empezamos el 2020 en modo etéreo y bucólico pastoril, ya puestos, qué más da, ¡hablemos del amor! Sí, hablemos de eso de lo que nadie quiere hablar no vaya a ser que no exista o, peor aún, ¡que exista! ¡Qué miedo! Vale, entonces mejor no hablemos.

Paso palabra. Allí donde ofrecían bocatas de calidad a precios que no gustaban, ahora tenemos un brasileiro de estética neoyorkina —por sus botellas, sus grandes cristaleras, su ladrillo visto, sus lámparas modernas y su personal a tono— y de nocturnidad y alevosía madrileña por su público.

El personal, de nuevo, como en Casa Macareno, amabilísimo. ¡Es tan agradable cuando la gente que atiende es educada y sonriente! Da verdadero gusto que, en Malasaña, haya este tipo de locales de gentes amables. Aunque sé que para muchos es mejor que te tiren las viandas en plan platillo volador, con malos modales, y que, sin miramientos, te cobren por adelantado y encima te miren recelosos: eso es un lugar con alma, cañí, tradicional, como debe ser.

Vamos al meollo del asunto. M. elige una sexy colada (11 €) porque es dado al coco y también le va la piña, además debía sentirse sexy, los italianos son así, están encantados de conocerse. Viene presentada en un vaso con un toquecito tiki. A propósito, el otro día vi que en Toledo hay una fábrica donde hacen de vasos tikis; me pareció curiosísimo, la recia Castilla la Nueva soñando con la Polinesia, eso da para una peli de Almodóvar. Bueno, vuelvo, el cóctel llevaba ron añejo, coco, jengibre, cacao, leche de almendras, zumo de piña y un trozo de nube de algodón a modo de sábana santa encima. Resultaba sabrosón, bastante dulce y destacaba especialmente el coco.

Yo pido un Bethânia (6 €) —sí, la hermana de Caetano— que, según el periódico, lleva: licor de jengibre Essence de Marie Brizard, sirope de mango Marie Brizard, shrub de piña y top de guaraná y piña deshidratada decorativa. El guaraná es un fruto raro para los españoles porque la Amazonia nos queda lejos, aunque con internet siempre se puede uno comunicar con ella por Skype. Dicho fruto distante puede tener cáscara naranja, amarilla o roja y se le abren las carnes cuando está maduro, como a la granada, pero el guaraná deja entrever solo una gran semilla en forma de ojo que todo lo ve; da un poco de mieditis y, por otra parte, parece ser que tiene propiedades estimulantes, tipo la cafeína, por lo cual se utiliza en refrescos y bebidas varias para animar a las gentes que se quieren animar. En resumen, es un fruto curioso. Los frutos tropicales siempre son curiosos, con formas y colores algo alienígenas, y, generalmente, resultan bastante sabrosos y aromáticos.

Ah, se me olvidaba, el shrub es un sirope ácido de fruta que se puede obtener mediante calor —hirviendo agua, azúcar y fruta y una vez frío añadiendo vinagre— o dejando macerar, uno o dos días, en frío la fruta con azúcar y agregándole después el vinagre, así dicen que se conservan mejor las propiedades de la fruta. Y, por si tenéis alguna duda de si hay diferencia entre sirope y almíbar, pues no, es lo mismo, es agua con azúcar que se puede dejar en el punto que uno considere oportuno para el uso que vaya a darle al líquido y azucarado elemento. Bueno todo esto es teoría. El cóctel estaba bueno, aunque a mí me sobraba agua y me faltaban aromas frutales y contraste ácido. En cualquier caso, agradable.

También ofrecen mocktails, es decir, cócteles sin alcohol, de la suma de mock (simulacro) + cocktail (cóctel)= mocktail, lo que en español se podría denominar: simultel, suena a compañía telefónica.

Empezamos la parte sólida con un petisco paulista (7,50 €) consistente en 6 unidades: 2 coxinhas, 2 kibes y 2 risolis, salsa tártara y salsa rosa picante. Es decir, unos bocaditos de São Paulo. Las coxinhas, cuya traducción sería «muslitos», son como un pollo desestructurado si habláramos como si fuéramos un cocinero de renombre. En realidad es una masa hecha con agua, harina y caldo de pollo que se rellena con pollo desmenuzado y sofrito con pimientos y otras cositas, a la que se le da la forma de muslo de pollo y se empana y fríe. Sencillas y ricas.

Los kibes proceden de la cocina sirio-libanesa (kibbeh) pero se preparan también en varios países de Latinoamérica, entre ellos Brasil. Consisten en unas bolas que parecen balones de fútbol americano formadas por una masa de bulgur y carne picada y rellenas de carne picada sofrita con especias. El bulgur, para el que no lo sepa, es una especie de sémola, los granos de trigo se hierven durante mucho tiempo, se machacan y luego se secan y tamizan para crear unos granitos irregulares que se pueden utilizar para masas, ensaladas (tabulé) o como guarnición. Los kibes son crujientes, especiados y sabrosos. Y luego los risolis, que son como una especie de empanadillas, en este caso con un delicado y suave relleno, creo recordar, de pollo.

Bolinho de feijoada (8 €), según la  descripción, croqueta de frijoles negros con col y panceta, acompañada de farofa (harina de yuca), vinagreta, 2 chupitos Tropicalista (cachaça, limón y miel). Realmente eran croquetones y, a pesar de ello, no resultaban secos, supongo por la panceta. En cualquier caso la vinagreta y los chupitos, dulcemente cítricos, acompañaban bien el conjunto. La col que llevaba recordaba más al pak choi que a un repollo y la farofa aportaba un punto crujiente adicional. Apetitoso, sano y curioso.

Hamburguesa Tropicalista (12,50 €), 180 g de carne de picanha, queso azul, mermelada casera, rúcula. La picanha corresponde a la parte alta del corte que en España sería cadera y resulta una pieza extremadamente jugosa. La hamburguesa estaba excelente: carne suave, tierna y sustanciosa con queso azul fuerte en contraste, una ricura, el pan sencillo y esponjoso y unas patatas rústicas estupendas, sabrosonas y crujientes de guarnición. Muy bien todo el conjunto.

Tropicalista está bien, es en plan picoteo y movida, puedes hacer ambas cosas o decantarte solo por la parte alcohólica tal como hacía la mayoría del público del lugar ya que ofrecen una amplísima variedad de cócteles. La propuesta gastronómica es agradable, ligera, sin pretensiones pero cuidada. Lo recomiendo en plan comienzo de nocturnidad si vas a comer y no solo beber y si vas a beber ya puedes ir a cualquier hora, la bebida es lo que tiene.

Tropicalista se encuentra en calle de la Ballesta 2.

P.S. Mis disculpas por las fotos, de nuevo bastante malas, faltaba luz, mi cámara está rebelde y creo que mis ojos ya no son lo que eran.

P.S.I Siento si las descripciones no han estado todo lo finas que debían pero fuimos un día y pude escribir este texto mucho más adelante por lo que mis recuerdos estaban un poco descolocados, espero sepan disculparme again.

P.S. II Que la fuerza les acompañe en este nuevo año.

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