Los únicos okupas del solar de Grilo fueron los gobernantes que durante años lo tuvieron cerrado

Los colectivos que abrieron al vecindario el solar de Grilo hace 10 años fueron quienes recuperaron para la ciudadanía ese espacio

Vecinos en el Solar de Antonio Grilo durante las Fiestas del Dos de Mayo de 2011

El solar de titularidad municipal de Antonio Grilo, o Solar Maravillas, cuya orden de desalojo inmediata ha dictado y notificado el Ayuntamiento, no es el espacio okupado del que habla el alcalde de Madrid, sino una parcela rescatada para el uso vecinal del vergonzoso abandono al que la habían condenado las reiteradas e incumplidas promesas políticas.

Aduciendo falta de dinero para acometer un centro cultural o un centro de salud, durante años fueron los propios dirigentes de turno quienes usurparon este espacio público. Permitiendo que estuviera en desuso y que se convirtiera en un vertedero insaluble donde se trapicheaba con droga, ¿no fueron esos mismos dirigentes los verdaderos ‘okupas’ de este lugar propiedad de todos y cada uno de los ciudadanos?

Diez años lleva el solar de Grilo funcionando de forma autogestionada, convertido en un jardín con huerto propio y en un sitio para la construcción vecinal lleno de vida, con un montón de actividades gratuitas abiertas a cualquier persona; convertido en el espacio que debería existir en cada barrio de esta gran ciudad colmatada a más no poder.

Este solar escuece a los gobernantes por ser una prueba fehaciente de que, en ocasiones, la ilusión amateur puede resultar mil veces más beneficiosa y eficaz para los vecinos que la desidia profesionalizada y por demostrar que existen formas diferentes de gestionar y de crear proyectos, que serían relativamente fáciles de legalizar en caso de que existiera la voluntad política necesaria para hacerlo.

Mural vecinal construido en el Solar de Antonio Grilo | SOMOS MALASAÑA

El Ayuntamiento de Madrid no debería pretender acabar con el solar de Grilo notificando una orden de desalojo para cuyo cumplimiento han dado 10 días sino, en todo caso, hacerlo tras un reconocimiento público a la labor desempeñada por este proyecto y con el compromiso de no reclamar el terreno hasta que haya un presupuesto asignado para la construcción en él del centro de salud prometido. Esto último sería también una forma de pagar la generosidad con la que el colectivo del que depende el solar ha declarado que acepta irse del espacio, no sin antes negociar y protestar civilizadamente todo lo que puedan. (petición de no desalojo en Change.org)

Lo ideal sería buscar otro lugar donde ubicar el necesario nuevo centro de salud para la zona y permitir, mediante una cesión de uso, que aquello que funciona bien en Grilo siga fluyendo como hasta ahora, aunque esto sería como soñar despiertos y esperar peras del olmo de turno.

Como dicen los usuarios del solar, es falsa que la dicotomía planteada por las autoridades -o solar o centro de salud- sea la única opción posible. Sin embargo, es una buena baza para dar carpetazo a un espacio cuyo cierre sería díficil de explicar de otra forma.

Casassola, junto a su mural pintado en el solar de Antonio Grilo | RAQUEL ANGULO

 

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