«El número de jefes en el Ayuntamiento ha ido creciendo, pero soldados cada vez somos menos»

Maite Escolano lleva 46 años como funcionaria del consistorio más grande de España. Se jubilará a finales de mes como directora del Centro Cultural Clara del Rey, en el corazón de Malasaña

Maite Escolano, en la puerta de Clara del Rey | SOMOS MALASAÑA

Maite Escolano es una de las de 26.765 personas que trabajan como funcionarias en el Ayuntamiento de Madrid. Pronto dejará de engrosar esta lista, cuando cumpla los 65 a finales de mes y se acoja a la jubilación, después de casi cinco décadas en diferentes oficinas y puestos municipales. No prevé ningúna despedida oficial porque el Ayuntamiento no tiene costumbre y como único recuerdo físico de su paso por el funcionariado de la capital guardará un pin de plata con la forma del oso y el madroño, que le entregó Álvarez del Manzano cuando cumplió 25 años como trabajadora municipal.

Guadalajareña de nacimiento, Escolano (Milmarcos, 1955) se trasladó a Madrid poco después de cumplir la mayoría de edad para trabajar en una pequeña oficina. Luego pasó por áreas culturales hasta que hace tres llegó al centro cultural Clara del Rey, el exiguo centro cultural de Malasaña que entonces estaba «un poco parado» y donde le apetecía mucho dar un nuevo impulso. Allí  creó una pequeña revolución para dar más espacios y oferta de ocio a sus vecinos, abriendo los sábados y cediendo espacios a los colectivos y personas que los necesitaban.

SOMOS MALASAÑA —¿Cómo empezaste tu larga carrera en el Ayuntamiento?

MAITE ESCOLANO —Entré en junio de 1974, con 19 años, en Sacramento, en la oficina de impuestos. Entonces se acababa de crear el IAE y éramos muy poquitos, casi como una familia. Al principio lo compatibilizaba con los estudios nocturnos en el instituto Pardo Bazán de la calle Santa Brígida, donde ahora está la Escuela de Idiomas. Luego pasé 20 años en la Biblioteca Musical de Conde Duque como responsable del préstamo de instrumentos. Después de otros puestos, en 2017 surgió la oportunidad de Clara del Rey y aquí acabé.

SM —Como funcionaria, has conocido a los 11 alcaldes de Madrid en la democracia…

ME —Somos funcionarios y tenemos que trabajar con los distintos equipos que llegan, pero según quién esté ha habido mucha diferencia en cuanto a derechos laborales. Con Carmena nos devolvieron muchas ventajas que nos habían quitado con Gallardón y Botella. Nuestro primer convenio vino de la etapa de los socialistas en la alcaldía y es uno de los mejores en la administración local, un ejemplo para el resto de ayuntamientos. Aunque nos costó muchas huelgas y esfuerzos.

En cuanto a puestos a dedo, todos los políticos nos ponen bastante gente por encima. En general, la derecha lo hace en mayor cantidad. Al que más recuerdo fue Alberto Ruiz Gallardón: se trajo a muchísima gente de la Comunidad de Madrid porque en el Ayuntamiento cobraban mejores sueldos. Yo he visto cómo ha ido creciendo exageradamente el número de jefes, y soldados cada vez somos menos. Pero el trabajo al final sale por los de abajo.

SM —Clara del Rey es uno de los centros culturales más diminutos de Madrid ¿Qué te encontraste al llegar?

ME —Es un centro cultural pequeño, bastante dejado y deteriorado, pero había que darle movimiento y otro aire. Me empeñé en abrir los sábados con actividades gratuitas y en recordar que Clara del Rey existe.

SM —Y empezase a ceder aulas cuando no se usaban…

ME: Si hay espacios, hay que sacarlos rendimiento. Yo tengo el espíritu de funcionaria, de estar al servicio público. Soy consciente de que me paga el ciudadano. Lo he tenido clarísimo toda mi vida. Por eso organizamos talleres y clases pero, cuando se quedan libres, ofrecemos espacios a gente y asociaciones que los necesitan y que no tienen ánimo de lucro. Ellos, a cambio, nos han ofrecido actividades gratuitas y las publicábamos en nuestra agenda. La gente respondió muy bien, ha sido muy generosa y gracias a este modelo hemos tenido ensayos de teatro, monólogos…

SM —¿Qué tipo de actividades del centro tienen más éxito entre los que viven en Malasaña?

ME —Al centro acude mucha gente de edad media alta, muchos jubilados. Por eso funcionan muy bien clases de actividad física como pilates o yoga, pero también otras de manualidades como cerámica, restauración, pintura, encuadernación…. viene mucha gente porque tenemos muy buenos profesores. Por falta de presupuesto, no tenemos programación estable para niños, pero cuando hemos organizado cosas puntuales, no veas lo bien que han funcionado, ha ido genial. Me gustaría haber podido programar actividades relacionadas con la tecnología, para jóvenes, pero no hemos podido por falta de espacio.

SM —¿Clara del Rey es un centro cultural que se ha quedado viejo?

ME —Hay muchos problemas de conservación. Por ejemplo, tenemos ratas: todos los años hay que llamar al control de vectores y colocamos trampas para atraparlas. Es un centro que necesita una gran reforma, pero lo que se ha hecho es lavarlo la cara, nada más. Los suelos hechos una pena, la gente se tropieza, huele a humedad según entras…

En general, se han abandonado bastante los centros culturales de barrio y desvirtuado bastante el trabajo de estos espacios, dejándonos sin herramientas. Hace falta inversión y presupuesto para dar un buen servicio y tener unas instalaciones en condiciones. No sé si se conseguirá algo, pero yo lata he dado un rato. El  haber sido capaz de dar algo de vida a Clara del Rey es algo que me da satisfación a la hora de jubilarme.

SM —¿Qué hace una funcionaria el día después de jubilarse tras 46 años trabajando?

ME —Me da pena no poder despedirme de mis compañeros con alguna celebración, pero la situación de la pandemia lo impide. A partir de que me jubile quiero ser dueña de mi tiempo, no mirar tanto el reloj. Me da un poco de vértigo al ver que esto ya se acaba, pero estoy muy a gusto. Tengo muchas ganas de estudiar cursos de la UNED y de volver a clases de pilates. Y de viajar, cuando se pueda. Pero todo sin prisa y disfrutando a ratos del no hacer nada.

El centro cultural anulado en San Bernardo 68

Maite esperaba jubilarse en un centro cultural más grande, en la calle San Bernardo, el lugr donde tenía previsto trasladarse Clara del Rey hace un año, según los planes del equipo de Manuela Carmena. La directora ya había diseñado los espacios junto con el arquitecto encargado del proyecto y planeaba el curso 2019-2020 en las nuevas instalaciones cuando llegó un nuevo concejal del PP al distrito Centro, que acabó con la idea. José Fernández acabó con la idea de las salas para talleres y el salón de actos planificado, para dedicar los 2.000 metros cuadrados de las cuatro plantas superiores a oficinas del área de Deportes.

«Me sentó fatal la anulación», confiesa Escolano, que trabajó en la distribución de espacios y en las necesidades específicas para los talleres en las instalaciones. Si se hubiera producido el traslado, asegura que habría retrasado su jubilación: «Me habría reenganchado porque el proyecto me fascinaba. Cuando participas en algo así le pones el alma, estaba feliz con poder contar con un centro tan nuevo y poder programar más actividades e incluso exposiciones. Pero cuando se anuló decidí que no seguiría más allá».

La futura ubicación del centro cultural Clara del Rey es una incógnita: «No creo que se vaya a Conde Duque, por lo que me han dicho. Tengo mucha desconfianza sobre el futuro de este lugar», advierte su todavía directora.

«El barrio necesita un centro cultural con un presupuesto para programación y con unas instalaciones que sus habitantes puedan disfrutar», pide Escolano. «Yo me alegraré el día que por fin este sitio cambie de lugar a un sitio digno, porque es una cutrez. Tal cual se lo dije al concejal».

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2 Comentarios

  1. @capitan_malasana

    Si, al parecer era muy importante para Almeida disponer de oficinas en San Bernardo, sobre todo al saber que el Centro Cultura Clara del Rey iba a ocupar ese espacio y así disponer de un espacio más digno. Ya lo tienen, han conseguido unas oficinas… indignas.

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  2. Chete

    Hice la objeción de conciencia en este centro cultural. Entonces de director había un hombre muy piadoso del que no tengo duda, estaba colocado a dedo por colocaciones oPPus. Como tantos otros puestos y despachos en las juntas de distrito.

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