La invasión de los ultraaguacates Somos Malasaña

La invasión de los ultraaguacates

Avocado Love: los aguacates dan un paso más en su estrategia de dominación del mundo

Uno no puede sustraerse a las modas, no puede obviar la existencia de cosas que están ahí y que, seguramente, gusten. Y las zapatillas de tostada de aguacate están ahí. Y hay mucha ropa por ahí cuyo motivo principal es el aguacate. Todo esto está pasando.

Vale, no me sustraigo a la realidad, en los últimos años se ha producido un boom del aguacate y yo voy a lanzar una preciosa teoría conspiranoica —esta palabra idiota también está de moda— para la ocasión.

Sí, así veo yo los aguacates, como en la peli de La invasión de los ladrones de cuerpos de cuyo remake deriva el título de este texto. No me digáis que no son unos tipejos bien raritos, esa bola perfecta en su interior y la cavidad que queda al abrirlos a la mitad, una confortable cuna donde mecer alienígenas. Ese ojo que todo lo ve. Aunque, bueno, en realidad, la palabra «aguacate» deriva del término ahuacatl que, en náhuatl —lengua azteca—, significa «testículo». Sea como sea, a mí me parece de mal gusto que un fruto con esas connotaciones esté de moda, pero bueno, cada uno con sus manías. Todos como locos por un testículo, ¿qué mundo es este? En La invasión de los ladrones de cuerpos de unas vainas salían seres iguales a los humanos totalmente uniformados en su falta de sentimientos, ahora nosotros estamos totalmente uniformados en nuestro gusto por el aguacate. Aquellos seres provenían, supuestamente, del Planeta Rojo, y estos nuevos seres que se hacen fotos para Instagram con tostadas de aguacate y comen aguacate en todas las elaboraciones posibles vienen del Planeta Azul. No quiero hablar de las teorías sobre la peli, pero… rojos, azules, ¡algo está pasando!

Y, entre tanto y no, ya tenemos 3 locales en nuestra zona consagrados exclusivamente a ese ser, al testículo, al ojo que todo lo ve, al nido de extraterrestres: al ultraaguacate.

Aquí está uno.

Y aquí el otro.

Y aquí va del que hablaré hoy: Avocado Love. Y sí, love, felicidad, Mr. Wonderful y todas esas mierdas están vinculadas, de forma extraña (pongo ojillos piccoli de Íker de Cuarto Milenio), al aguacate… Os dejo un poco de buen rollito con el Guacamole de Kevin Johansen, hecho, obviamente, con palta (es decir, aguacate).

He de decir que a pesar de todo este rollo, el aguacate me gusta, en su justa medida, a veces me parece cansino, especialmente cuando está algo pasado de maduración y resulta pastoso y untuoso en exceso. Un toquecito por aquí, un toquecito por allá, una ensalada sencilla o un guacamole, pero una tostada con aguacate me parece una guarrada importante. ¿Qué pinta el aguacate con el pan? ¿Una pizza de aguacate? No. No y basta.

Como podéis ver, por mis prejuicios y teorías invasivas con respecto al aguacate, no iba muy bien predispuesta para mi visita a Avocado Love, pero me sacrifiqué en aras de escribir un texto que no gustará al público objetivo de este lugar (instagrammers y veganos) y tampoco a los que no vais a ir a este establecimiento. Así que muy bien, siempre dándolo todo, a tope.

El Avocado Love es un restaurante vegano —no cocinan ningún producto de origen animal—, toda su comida lleva aguacate y no lleva gluten (dejad que los celiacos se acerquen a mí). Aquí previamente había un restaurante vegetariano, así que se ha producido un upgrade del establecimiento original conforme a la moda del momento. Yo, como ya he dicho otras veces, estoy a favor del veganismo y de todo lo que sea cuidar a los animales y el medio ambiente, aunque no comparto esta elección de vida porque creo que mi cuerpo —tendente a la anemia y algo vampírico— no aguantaría sin su dosis de carne de vez en cuando (cada vez más reducida). Y luego, a nivel de gustos y placeres, prescindir de los lácteos y productos derivados de los mismos así como de los huevos me llevaría a un estado de profunda tristeza que podría derivar en una tendencia asesina de lo más pericolosa. Eso no quita que piense que en la cocina vegana consiguen, careciendo de materias primas para mí esenciales, crear elaboraciones muy logradas.

Sea como sea, la gente que practica el veganismo me parece loable y la cultura carnívora en la que vivimos me parece un atraso total y de una brutalidad pasmosa. Es de las pocas cuestiones en que mis principios son incoherentes con mi actuación —lo cual me desagrada profundamente— pero mi afición al buen comer no me permite prescindir de ciertos placeres, incluidos los que proporciona la carne.

La decoración de Avocado Love es curiosa, es un local pequeño y abigarrado pero, gracias a numerosos espejos (incluidos en el techo, «uuuuuh uuuuuh» en modo Shin-Chan), solventan la falta de espacio resultando, en su conjunto, un establecimiento agradable. Papel de paredes exótico con plantas e incluso un palacio de cuento que recuerda la tendencia orientalizante de la decoración de las casas nobles del siglo XIX y principios del XX, numerosas lámparas de techo de mimbre a diversas alturas, una bonita lámpara de cerámica, mesas y sillas de madera… Está guapo, siguen la moda amazónica actual con gusto.

Para beber elegimos limonada casera con hierbabuena y panela (3,50 €). La presentan con una paja realizada con papel, bien por ellos (y por nosotros). La limonada está realmente buena, con ese sabor curioso que aporta la panela a dulce enmielecido y el toque de frescor de la hierbabuena. La panela, por si acaso no lo sabéis, es la denominación que se le da en varios países latinoamericanos a unos bloquecitos que consisten en un concentrado de zumo de caña de azúcar tras someterlo a calor; al parecer también se usa algo parecido en el sur de España y Canarias con otros nombres.

Para comenzar nos ofrecen una prueba de crema de lentejas con aguacate (supongo, aunque no se notaba), sésamo negro, pimentón, cilantro y alguna otra cosita que no me acuerdo. Tiene el agradable sabor picante de unas lentejas con chorizo pero sin chorizo, ¡el pimentón es una máquina de espejismos!

Lo siguiente son los bocados de patata rellenos (6,90 €). Son 4 y se sirven fríos, tal vez excesivamente fríos. Cada uno de ellos consiste en una especie de rollo de puré de patata firme relleno de manzana ahumada y que presenta en la parte superior, en varias capas, puré de boniato, pepino, aguacate y un sofrito de tomate seco que, junto a la manzana, es lo que aporta principalmente sabor al conjunto.

En el turno del Taco mex (8 €). Dos tacos de mole de soja texturizada y chocolate negro. La soja texturizada es una mezcla de harina y concentrado de soja que los veganos consideran el sustituto perfecto de la carne picada por sus proteínas y, también, su aspecto. Resultan agradables, llevan un trozo de aguacate ahumado, y mezclándolo toda con la cebolla roja y la lima son sabrosones.

Y, para finalizar, tarta crudivegana de chocolate y aguacate (5,50 €). Una especie de fudge con base formada por nueces y otros frutos secos. Supongo que en la creación del fudge han añadido aguacate, pero su sabor no se nota. Para amantes del chocolate negro está estupendo y también para los cocoadictos, el coco rallado por encima le da vidilla. Su borde y su base de frutos secos resultan curiosos aunque les falta el toque caramelizado del tostado pero supongo que al ser crudivegano eso es imposibol.

En resumen, aun yendo con prejuicios por el tema moda e invasión aguacatera, me ha resultado agradable este sitio, de sabores diferentes y perfecto para las gentes que estén concienciadas con el cuidado de los animales; también para los celiacos e instagrammers.

Aquí la web: www.avocadolove.es

El aguacate, ese ser

Continuando con mi teoría sobre el aguacate como cuna de extraterrestres he de decir que incluso los científicos han tenido sus dudas a la hora de establecer si este «coso» es una baya o una drupa, ¡eso será por algo! Una drupa sería, por ejemplo, el melocotón porque tiene un hueso duro interno (endocarpio) que contiene la semilla, sin embargo la baya tiene solo su semilla (o semillas) directamente, sin estar envuelta/s en el endocarpio (el hueso). En el caso del aguacate es una única semilla, tremenda, espeluznante y perfectamente redonda. La semilla del mal, sin duda. Atención, es una planta hermafrodita, ¡ahí lo dejo!

Por lo visto, sus orígenes son mexicanos y, todavía hoy, es en dicho país donde más se cultiva. La primera vez que se habla del aguacate en España es en el Diccionario de Agricultura y Economía, en 1842, y dice que ya en 1572 había de estos seres en la zona levantina. Parece ser que primero llegaron a Canarias y luego las primeras plantaciones con fines comerciales en la Península se pusieron en marcha, en 1960, en la costa malagueña y granadina. Así que ya sabéis, esa zona es la incubadora del mal.

Por lo visto, al inicio, cuando todavía no se sabía muy bien qué hacer con ese ser, un famoso cocinero televisivo —cuyo apellido comienza por A y termina por O—, en sus recetas hervía el aguacate en agua antes de usarlo. Él sí que sabía cómo acabar con el mal, si lo hervías en agua seguro que ya no podría reproducirse.

Bueno, no os voy a hablar de las trescientas mil variedades de aguacate pero debo señalar que el Hass (que es lo que dice uno cuando toca algo ardiendo) es la variedad más extendida en España. Pero hay también una versión que se llama Zutano y que debe ser un pobre hombre del que nadie se acuerda. Me gustaría que hubiera Fulano y Mengano, pero no los he visto como variedad aguacatera. También hay un aguacate detective que se llama Pinkerton. Y otro que se llama Bacon, de calidad gustativa mediocre, lo cual no me extraña nada porque un aguacate que se llame Bacon es un aguacate, claramente, con un trastorno de personalidad no resuelto.

Que conste que El País ya hablaba de los problemas del aguacate en su artículo La maldición del aguacate y La Voz de Galicia con su texto El lado más oscuro del aguacate. Como podéis ver, en ambos se habla del «oro verde» (creía que esto era el aceite de oliva, pero parece que no) y de la deforestación que se está produciendo por la creciente demanda de este ser y lo que esto conlleva en zonas de México: secuestros y ajustes de cuentas para los dueños de grandes empresas aguacateras y pobreza para los jornaleros subcontratados. Como podéis ver en ambos artículos el tono es épico para llegar a francamente escandaloso en el 1º. Esto claramente es el resultado de la estrategia de conquista del aguacate, la semilla del mal, que está dividiendo el mundo entre proaguacateros y antiaguacateros —divide et impera—, ¡nos dominará un gran consorcio de aguacates insensibles! ¡La invasión será verde (¿o azul?)! ¡Preparaivos!

P.S. Se empeñan en decir que es muy sano, pero ¡mucho me extraña! (suspicious eyes)