Fratelli Figurato: pizza pasta y buen hacer - Somos Malasaña

Fratelli Figurato: pizza, pasta y buen hacer

Una trattoria popolare donde disfrutar de auténtica cocina italiana en un establecimiento contiguo a Malasaña

En el local en el que estaba Larra 13, un sitio que tenía una cocina clásica de una calidad excelente pero no se hacía promoción y no cumplía con la estética/gusto fusión-modernito que se lleva, se encuentra ahora Fratelli Figurato, Trattoria Popolare.

Para acompañar este viaje a Italia, ahí os dejo una canción italiana, setentona, que a mí siempre me ha hecho mucha gracia. Habla de un sr. al que con 10 ragazze, cada una con su estilín, le basta, aunque en el fondo se muere por una sola. ¿Es machista? No sé, si lo es me da igual. Me aburre que la diferencia de sexo se haya convertido en un motivo, más, para debatir en lugar de disfrutar. En cualquier caso, yo —como ser de sexo femenino y género femenino— no me siento representada por la defensa del género propio a ultranza; es más, a mí no me importa en absoluto el género de la gente, solo me interesa que la gente sea buena y educada. Sí, mi simpleza está llegando a límites insospechados. Vaya, lo dejo porque, como siempre, me estoy yendo por las ramas.

Vuelvo a los Fratelli Figurato. Parece que les va viento en popa y a todo vela ya que abrieron no hace mucho una pizzería napolitana en Alonso Cano con José Abascal, que vi en uno de mis múltiples paseos y me pareció que tenía buena pinta —horno de leña visto, mesas con manteles de cuadros, ambiente sencillo, una versión moderna del napolitanismo (ya llegó)—, y ahora inauguran este segundo local, una trattoria popolare.

Diferencia entre trattoria, osteria y ristorante

La osteria parece ser que, en sus orígenes (remotos), era un lugar popular donde ofrecían bebida, acompañada de algo para picotear, y alojamiento, algo similar a nuestras fondas. Con el paso del tiempo y la llegada del Slow Food a Italia, las osterie se han convertido en sitios chic donde comer, ya no tienen nada que ver con la propuesta original. Por su parte, la trattoria es un establecimiento donde se ofrece una comida sencilla y ligada al territorio, es decir, con platos típicos de la zona donde se encuentra ubicada. Y el ristorante, como en España, es un local que puede ofrecer todo tipo de comida y a todo tipo de precios.

Para dudas o aclaraciones al respecto, contacten con el Servicio de Atención al Cliente.

El local ha sido totalmente reformado, con una zona de comedor amplia al entrar a la izquierda, una barra ante la cocina y el horno de leña con lámparas estilo retro que recuerdan un poco a los diners neoyorquinos más antiguos y grandes botes de tomate a modo de elemento decorativo pop (guiño a Warhol). Resulta agradable, sencillo, no presenta ni el barroquismo napolitano ni tampoco ese aire abandonado que tienen muchas pizzerías. Obsérvese que el pizzero es Riccardo Figurato, uno de los dos hermanos, que nunca se quita su gorra de los New York Yankees recuerdo de su estancia vital por aquella metrópoli, tal como cuentan en su web.

Además, en la zona más informal, que se encuentra al entrar a la derecha, presenta un mural precioso de una chica sin cara columpiándose, una mezcla con un poco de Hopper y Hockney y un mucho de Magritte; inquietante a la par que bonito. Esto debe ser aportación de Vittorio Figurato, pues se define como apasionado del arte, entre otras cosas.

Vamos a lo que vamos, empezamos por las bebidas. La carta de vinos es original y divertida; realizada por el sumiller, Costantino, tiene la siguiente distribución: Blancos ligeros, Blancos intensos, Tintos solares y exuberantes, Tintos con mucho carácter y Las burbujas del Noreste… dolce Veneto. Algunos por copas y otros por botella, todos italianos aunque creo que sin representación napolitana y, eso sí, con dos prosecchi en la última sección, que entiendo que van bien con la pizza pero me parecen lo peorrrr.

Nos decantamos por unos tintos solares y exuberantes, M. un Quater Vitis Terre Siciliane – Firriato 2014 (5 €/copa) que es lo que promete, acidez marcada, ligereza, grosella, ruibarbo y el frescor propio de muchos tintos sureños italianos. Muy agradable.

Yo elijo un Calamuri Primitivo IGT Salento – Mehnir Salento 2015 (4,5 €), este es más intenso, más regaliz, más mora y tiene más cuerpo; aunque el otro también está estupendo, este es más al gusto español, más «Sr. D. vino».

Pedimos también una botella de agua de 500 ml (2,50 €). Como veis, ya somos unos jubiletas y tomamos el vino por copas y agua para no tener resaca… ¡Qué tristre trigre es la decrepitud! Jóvenes de España, ¿me vais a pagar la pensión o tendré que ir amenazándoos uno por uno para sacaros los dos céntimos de excedente —que pensabais ahorrar para comprar una casa a los 80 y enterraros en ella— del sueldo del mes? Me da pereza, pero si tengo que hacerlo lo haré, todo sea por disfrutar de los viajes a Benidorm que me corresponden y me merezco. Espero una jubilación llena de Pajaritos por aquí y Pajaritos por allá, viendo como trabajáis con denuedo para ser solidarios y, luego, en un futuro, si podéis, explotar a los próximos solidarios. Me encanta el sistema solidario, sobre todo porque suele irle bien a una generación y a la siguiente fatal y, así, hasta el infinito; el sistema solidario es insolidario dependiendo de la economía, la política, la educación y la demografía, es guay. Creo que se basa, en gran medida, en el profundísimo y sano principio de «el que venga detrás que arree», principio aplicado en política y gestión económica y medioambiental con profusión. Pero es bien bonito decir que es solidario. Con un poco de suerte, para vosotros, a mí no me tocan Pajaritos —me temo que soy «la generación de lo fatal»— pero a vosotros sí.

De primero, elegimos pizza, obviamente. Ir con un napolitano a un lugar donde hay pizza napolitana y no probarla sería un sacrilegio.

Sobre la pizza napolitana hablo en otro artículo dedicado a Luna Rossa, aquí lo tenéis si os interesa. Y, también, en este otro hablo de la pizza romana, por si a alguien le apetece hacerse experto en la temática. En cualquier caso, desde cuando escribí el artículo de Luna Rossa —en 2015— hasta ahora ha cambiado muchísimo el panorama pizzero en la zona: han desembarcado Grosso Napoletano en Pez y NAP en San Bernardo y, ahora, los Fratelli Figurato. Es decir, el barrio tiene una oferta pizzera napolitana en toda regla, lo cual me congratula.

Venga, un poco de música napolitana, ochentera, para acompañar la pizza; nada de lamentaciones, ¡hay que tirar p’alante y basta! Buah, he sonado un poco (bastante) a Mr. Wonderful y helados de nube, pero bueno.

Elegimos la pizza Bufalina DOP, salsa de tomate, lonchas de mozzarella de búfala DOP de Caserta, 150 g, albahaca (9,9 €). En Fratelli Figurato se enorgullecen de tener harinas seleccionadas para crear una masa de pizza excelente y ligera, también gracias a su fermentación de 36 horas. Realmente es una pizza ligera, recuerda a la que ganó en 2018 el Premio a la Mejor Pizzería de Italia (el 1º de TOP 50), la de Peppe in Grani. Una pizzería a las afueras de Nápoles, en Caiazzo, con una cola tremenda (como todas las pizzerías decentes de La Campania) y una estética normaleja, pero con una masa mucho más ligera que la típica napolitana, realmente diferente. Y, ya que estoy, en Nápoles, aparte de Di Matteo, si vais, probad la de la Pizzeria da Michele (a Forcella), es fantástica, no tan ligera como la anterior, pero merece muchísimo. Bueno, vuelvo a las cercanías de Malasaña, la pizza que nos ofrecen recuerda mucho a la Pizza Napoletana Verace pero con un toque de Peppe in Grani, por la levedad: gran cornicione (borde inflado), masa interior fina y poco hecha, salsa de tomate con su punto característico de acidez, mozzarella de búfala fresca con marcado punto salino y fermentado y un toquecito (mínimo) de albahaca. Realmente muy lograda y, sí, nada pesada.

Luego, toca el turno a los bigoli cacio e pere (e menta) (13 €). Las pastas son todas caseras y esta es una versión propia de los spaghetti cacio e pepe (espagueti con queso y pimienta), un plato típicamente romano. Los bigoli son una especie de spaghetti gruesos característicos del Véneto y Lombardía, la aspereza de su superficie hace que resulten perfectos para salsas densas tradicionales. Esta revisión del cacio e pepe es particular, presenta una salsa espesa de queso parmesano y pecorino con ligerísimo toque de pera caramelizada y menta y una buena dosis de pimienta negra. Un plato muy sabroso, ligeramente picante y aromático, muy bueno.

Seguimos con unos pappardelle al ragù napoletano (13,50 €). Los pappardelle, ya sabéis, son como si pusieras tres tagliatelle uno al lado del otro, es decir, son como cintas anchas de pasta y tienen una textura muy especial, resbaladiza como un tira ancha y fina de calamar. Estos, acompañados con carne de cerdo y ternera guisada durante 10 horas, según dice la carta, están fantásticos. La salsa resulta suculenta, espesa y, aunque sea principalmente tomate con sabor a carne, tiene un no sé qué de reducción de caza. Están estupendos; en realidad debería decir «están estupendas», pues pappardelle es un término femenino, como tagliatelle, pero en español se ha difundido su uso en masculino, así que así se queda.

El ragù napoletano

El ragú napolitano parece que proviene de un guiso de carne provenzal y su denominación parece que deriva de la palabra francesa ragoûtant (apetitoso). En un principio, en el siglo XVIII, era simplemente carne guisada durante mucho tiempo (carne dura donde las haya) con especias, vino y el añadido de un toque ácido al final (véase limón o vinagre); la primera vez que se denomina como tal es en el libro Il cuoco galante, en 1783, del napolitano Vincenzo Corrado y se hablaba del ragù como un plato en sí mismo o para dar sabor a otros platos, pero no para acompañar pasta. Aparece por primera vez vinculado a la pasta en 1790, en el libro L’apicio moderno de Francesco Leonardi, aquí ya se habla de maccheroni alla napoletana, aunque todavía van sin salsa de tomate; en la segunda edición de dicho libro, ¡ya se presenta el tomate! Qué bribón, el tomate, siempre escondiéndose ¿o sería por timidez?

La cocina napolitana tiene, entre otras, influencia francesa, especialmente en los siglos XVIII y XIX, gracias al reinado del Borbón Fernando IV y se puede observar en diversos términos culinarios napolitanos como gattò (gateaux), crocchè (del verbo croquer, masticar, dar mordiscos), purè (purée), etc. A los fascistas no les gustaban los extranjerismos y trataron de convertir el ragout o ragù en ragutto (me suena a nombre de niño travieso: «ragutto, vieni qui immediatamente!») pero no tuvieron mucho éxito. En Nápoles, el ragú es una auténtica institución, hasta el punto que uno de los máximos dramaturgos de la ciudad partenopea, Eduardo De Filippo, le dedicó una poesía a dicha carne guisada titulada ‘O rraù; no la incluyo porque es bastante penosa, habla del ragù de su madre (léase la frase anterior con la entonación que se desee), así que ya os podéis imaginar.

Todavía tenemos hambre porque somos un poco tragaldabas, así que pedimos montanarine de nuestras 3 harinas (9 €), es decir, 3 triángulos de masa fritos con salsa de tomate y stracciatella de burrata y albahaca. El interior deshilachado de la burrata fresca con la acidez y la cremosidad de la salsa de tomate y la textura cálida y esponjosa de la base crean unos bocaditos sabrosones, como una pizza frita desestructurada.

Nos tomamos otra copichuela de vino del Salento, que está bastante estupendis, y a por el postre: tarta caprese de almendras, chocolate blanco y nata de limoncello (7 €). La caprese es una tarta tradicional de Capri, de ahí deriva su nombre y, aunque no se sabe a ciencia cierta su proveniencia, dicen que fue elaborada por primera vez, en los años 30 del siglo pasado, por las nietas del pintor austriaco August Weber, que echaban de menos la repostería centroeuropea y empezaron a ofrecer dicha tarta en los desayunos de su establecimiento, la Strand pension Weber (actual Hotel Weber Embassador), en la zona de Marina Piccola de Capri. Esta teoría es bastante lógica, pues el chocolate no es un ingrediente en absoluto característico de la Campania italiana. También hablan de que el pastelero Carmine di Fiore la creó cuando tres gánsteres enviados por Al Capone a Capri le solicitaron un dulce y por los niervios se le olvidó poner harina y de ahí que la receta lleve únicamente almendras, chocolate negro, huevo, cacao, mantequilla y azúcar. A mí esta historia me huele a chamusquina peliculera.

La versión que proponen los Fratelli Figurato, con chocolate blanco, es curiosa, diferente a la otra, más suave y el toque de nata con limoncello —emulando, por una parte, el acompañamiento típico de la Sacher, la nata, y por otro, el acompañamiento típico de la caprese, un vasito de limoncello— le va estupendamente. Resulta una tarta fresca, agradable para el verano; la caprese original es más invernal.

En resumen, la Trattoria Popolare Fratelli Figurato tiene una propuesta enogastronómica variada y original donde destacan pastas clásicas italianas revisadas, pizzas tradicionales pero con masas particularmente cuidadas, postres alegres y, en general, una cocina casera y con buenas materias primas. Lo recomiendo totalmente para disfrutar de la vera italianità.

Web de los Fratelli Figurato: www.fratellifigurato.es

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2 Comentarios

  1. Flavio

    Que pinta tienen algunos platos POR DIOS!! habrá que ir a probarlos.
    Hace un tiempo, que le hice la página web a una pizzería Italiana de Malaga y también tienen unos platos riquísimos.
    Pero así tengo una excusa para visitar Madrid una vez más.

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    • Lu (Malasaña a mordiscos)

      Gracias por tu comentario, Flavio.
      Me alegro de que las fotos y/o el texto hayan despertado tu hambre y espero que disfrutes de tu próxima visita a Madrid comiendo, entre otros sitios, en este italiano. Merece la pena, está muy bien.

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