Sobre la Navidad en Madrid (spoiler: es un cuento)

Los romanos se chotearon profunda y sonoramente de la estupidez de regular el tráfico de gente llevando regalos a Jesús

Gran Vía en Navidad

Pedro Bravo

Acabo de publicar un libro sobre las causas y consecuencias de la saturación turística —Exceso de equipaje (Debate, 2018)—, tengo por ahí un ensayo sobre la bici y las ciudades —Biciosos (Debate, 2014)— y una novela narcoexistencialista —La opción B (Temas de Hoy, 2012)—. Soy socio de Soulandia, una agencia de comunicación, y de Espíritu23, un coworking. Vivo en la linde occidental de Malasaña.

14/12/2019

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Cuenta la leyenda que el primer nacimiento de la historia lo hizo el mismísimo Francisco de Asís. El padre de todos los padres franciscanos armó un Belén viviente en la ermita de Greccio allá por el invierno de 1.223 y, por supuesto, ya entonces envolvió a todos los participantes con una bandera española, anticipándose así no sólo al diseño de esta, sino a la propia existencia del país.

Es conocido, también, que cuando María y José tuvieron al niño Jesús, el tráfico de gente comprando y llevando regalos por la calle Preciados de Belén era tan grande que los judíos quisieron regularlo. Los romanos se chotearon profunda y sonoramente de semejante estupidez. Más tarde, se les ocurrió a ellos la brillante idea de regular la calle Preciados de Belén, ya que había tantísimo tráfico de gente comprando y llevando regalos a Jesús que la cosa podía ponerse fea. Así eran de listos los romanos.

Se sabe a ciencia cierta que, después del nacimiento del mesías en ese sitio casual cercano a Jerusalén, se hizo tradicional rememorar la cosa con una cabalgata de Reyes que se convirtió en el evento más importante del lugar. Cada año se congregaban cientos de miles de niños con escaleras y paraguas para ver el desfile y atrapar los caramelos lanzados desde las carrozas y decenas de políticos de distinto signo dispuestos a iniciar una guerra civil por sus diferencias estilísticas sobre el vestuario de los magos.

Recogen los libros de historia cómo fue el alcalde del momento en Belén, un romano bajito y con un singular aspecto por el que le llamaban mentula faciem, quien inició la tradición de gastarse una millonada en denarios para iluminar el pueblito como si fuese un Primark recién abierto. El hombre lo hacía así un poco por celebrar el nacimiento del hijo de dios y otro bastante por competir con un alcalde rival gallego que parece que se gastaba en luces más que Las Vegas en día de circo.

Es un hecho probado que, al mismo tiempo que Jesús, nació una muchacha en un portal sueco. Era muy maja y un poco callada, aunque hablaba lo justo para advertir a sus vecinos sobre el futuro del planeta, un poco como el hijo de dios. Sin embargo, fue insultada a base de bien por romanos y judíos hechos y derechos, hombres sobre todo que, a pesar de asegurar que ellos estaban más concienciados que nadie por el problema que la moza señalaba, la llamaron puta, loca, histérica y niñata. Quizá porque era mujer y tenía un trastorno de espectro autista. Quizá porque no era ellos.

Hoy he querido recordar estos momentos históricos porque cada año son respetados y recreados fielmente por nuestra ciudad. Por eso se puede asegurar que Madrid es el lugar del mundo que más y mejor vive la Navidad; una ciudad que se llena de paz, armonía y coherencia en estas fechas tan señaladas. Qué digo en estas fechas, todo el año.

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