Plus que du cafe ofrece más de 550 comidas gratuitas a la semana en Malasaña a personas necesitadas

Los hermanos Provencio, malasañeros de toda la vida, cocinan a diario para el comedor social de Catalina Labouré, mientras que regalan a la Hermandad del Refugio 350 raciones de comida a la semana. El banco de alimentos del barrio ha empezado a colaborar con esta iniciativa aportando productos

Las 350 raciones de paella que regalaron el pasado miércoles a los usuarios del comedor social del Refugio

Los hermanos Sonia y José Manuel Provencio regentan un local, Plus que du cafe, situado en el número 6 de la calle Jesús del Valle, el cual abrieron el pasado febrero en el mismo espacio en el que su padre, Manuel, tuvo una típica fábrica de patatas fritas desde los años 60 del pasado siglo. Vecinos de Malasaña de toda la vida, se han convertido en un ejemplo más de esas personas que, ante la patente necesidad que estaban viendo a su alrededor, decidieron, por su cuenta y riesgo, arremangarse y ofrecer comida cocinada gratis a quienes no tenían nada que llevarse a la boca.

Comenzaron a hacerlo el 17 de abril y, a día de hoy, sirven entre 35 y 40 menús por jornada, mientras que los miércoles se las apañan para sacar un plato caliente para 350 personas. Colaboran con los comedores sociales de Catalina Labouré, entre las calles Minas y Pozas, y de la Hermandad del Refugio, en Corredera Baja de San Pablo. Desde esta semana, el banco de alimentos del barrio, creado por la red de apoyo ciudadano de Malasaña, Conde Duque y Chueca, ayuda a que mantengan su labor donando productos para el cocinado diario que realizan.

Sonia y José Manuel Provencio, de Plus que du cafe, junto a los tomates donados por el banco de alimentos del barrio | SOMOS MALASAÑA

«Hay que estar con los necesitados»

«Ya vendrán tiempos para el negocio. Ahora hay que estar con los necesitados», declara con rotundidad José Manuel, a quien el estado de alarma pilló con el negocio recién abierto. Nos encontramos con él y con su hermana un día después de haber preparado 350 raciones de paella, que se repartieron entre los usuarios de la Hermandad del Refugio. Para que la comida estuviera lista para llevar a las 10 de la mañana, la noche anterior se la pasaron casi en vela. «Sólo pudimos descansar un par de horas. Mis empleados están en un ERTE y el trabajo recae en mi hermana y en mí. Pero el esfuerzo realizado es gratificante. Hay cosas que merecen la pena y seguiremos ayudando al menos hasta que esta fase tan notoria de necesidad se pase un poco».

Al igual que José Manuel, Sonia se muestra firme en su empeño y apunta, además, que el hecho de conocer a muchas de las personas a las que llega su ayuda es un plus e influye aún más en su decisión de seguir adelante. «Como hemos dicho, vivimos aquí desde siempre y conocemos a una buena parte de los usuarios habituales de los comedores sociales del barrio. Algunos de ellos son también vecinos de Malasaña de toda la vida».

Plus que du cafe, en el número 6 de Jesús del Valle | SOMOS MALASAÑA

Desde Plus que du cafe comenzaron repartiendo algo de comida caliente por libre avanzada la etapa más dura del confinamiento. En el barrio sólo otra iniciativa particular parecida a la suya, la que se sostuvo durante más de 40 días en Espíritu 28, estaba ofreciendo algo similar, aunque ya con una estructura consolidada. José Manuel y Sonia sólo supieron de ella unos días después de que tuviera que cerrar. Por aquel entonces que las personas necesitadas del distrito Centro tuvieran acceso gratis a un plato de caliente era casi imposible.

«Cuando entró en vigor el estado de alarma, todos los lugares en los que se venían ofreciendo recursos a personas necesitadas cerraron. De golpe el mundo se metió en casa, con la excepción de quienes no disponían de una. Cada vez veía más personas sin techo deambulando por las calles y decidimos echar una mano. Fui a ver qué hacía en San Antón el Padre Ángel y lo encontré cerrado. También la cocina del Refugio había parado y los del comedor de Catalina Labouré se habían quedado sin la contrata que les servía comida caliente. Ahora es diferente, las entidades de ayuda están volviendo poco a poco, pero hubo unos días realmente duros en los que quienes no tenían nada fueron dejados de la mano de dios… y algo teníamos que hacer», explica José Manuel sobre el porqué se lanzaron a preparar comida gratis.

Algunos de los platos que elaboran diariamente para los menús solidarios

Como hemos apuntado anteriormente, en la actualidad, Plus que du cafe entrega cada día unos 40 menús al comedor Catalina Labouré, entidad privada y vinculada a las Hermanas de la Caridad. Ayer sirvieron lentejas de primero y alitas de pollo de segundo. Para mañana prepararán de entrante un gazpacho con las dos cajas de tomates que les acaban de llegar desde el banco de alimentos del barrio, fruto a su vez de una donación.

Además de ese compromiso diario con Catalina Labouré, todos los miércoles han acordado cocinar para 350 personas del total de las que acuden al comedor social -también privado- de la Hermandad del Refugio, que ha dejado de dar comida caliente regularmente desde que empezó el estado de alarma y ahora reparte alimentos que consiguen de distintos lugares.

«Todo se cocina al estilo casero y con máximo respeto por estas personas que están pasando por momentos especialmente difíciles y a quienes tratamos como nos gustaría que nos tratasen a nosotros en su lugar», aclara José Manuel.

Huelga decir que Plus que du cafe no recibe ningún tipo de contraprestación económica por colaborar con los citados comedores sociales. Al contrario, además de trabajo a los Provencio su solidaridad les afecta a su propio bolsillo. Pero con el que sí que ha comenzado recientemente una colaboración, a través de la cual al menos recibe productos con los que elaborar los menús que regala, es con el banco de alimentos de Malasaña, Conde Duque y Chueca, que se está encargando de recolectar donaciones de víveres, productos de higiene y dinero entre vecinos y comercios de la zona. Tras conocer la actividad que José Manuel y de Sonia estaban desarrollando, el primero de los contactos que hubo desde el banco de alimentos con ellos se concretó en la donación de mil huevos duros que se transformaron en rellenos y que acabaron en el Refugio.

«Malasaña siempre ha sido un barrio en el que nos hemos ayudado los unos a los otros y me gusta ver que hay cosas que no cambian. Yo lo he visto desde siempre y mi madre, que tiene 87 años y que, tanto por vivir aquí como por haber tenido junto a mi padre tantos años la fábrica de patatas, ha conocido a tantas personas y tantas épocas difíciles, no sólo confirma lo que digo sino que es la primera que nos anima a seguir echando una mano a nuestros vecinos», concluye José Manuel.

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