Paisaje Transversal: «En participación estamos en un momento de aprendizaje, de pruebas y de errores»

Hablamos con esta oficina de innovación y participación urbana. Han sacado un título donde nos enseñan lo aprendido los últimos años acerca de "escuchar y transformar la ciudad".

Los chicos y chicas de Paisaje Transversal en su oficina en el barrio | Foto cedida por PT

La calle Churruca es bonita: tranquila, de fachadas burguesas, balcones pintones y portales amplios, como corresponde a esta parte del barrio. Allí tienen oficina los chicos y chicas de Paisaje Transversal, una oficina de innovación y participación urbana, o sea, urbanistas y arquitectos de esa nueva generación que gusta más de pensar en organizar la ciudad que en levantar muros hacia el cielo. Comparten el lugar con otras empresas que, desde diferentes disciplinas, trabajan la cosa urbana. Churruca 15 tiene espacios claros y amplios, caras jóvenes – guapas, por qué no decirlo– y hasta un patio donde se han organizado interesantes debates profesionales abiertos a la ciudadanía, en los que han participado algunas personas con mucho peso en el diseño de Madrid.

Paisaje Transversal ha sacado recientemente un libro: Escuchar y transformar la ciudad. Urbanismo colectivo y participación ciudadana (Catarata, 2018), que está a medio camino entre el manual accesible y el libro de recetas. Ellos son algo así como unas rock and roll stars de los procesos de participación ciudadana en el urbanismo y podrían haber debutado en papel sobre la siempre cómoda, por poco contestada, oscuridad teórica del profesional. Sin embargo, han preferido hacer un ejercicio de síntesis y de devolución de su experiencia. No cabe engañarse, el de Pilar Díaz Rodríguez, Guillermo Acero Caballero, Jorge Arévalo Martín, Jon Aguirre Such e Iñaki Romero Fernández de Larrea, es un libro técnico, pero con vocación de ser leído fuera de las facultades

SM: Yo ya me he leído el libro y creo que lo he entendido bien, pero, para nuestros lectores, ¿en qué consiste escuchar la ciudad?

PT: Escuchar la ciudad consiste en conocer bien cuáles son sus necesidades, sus problemáticas y sus oportunidades y para ello, no sólo la analizamos desde nuestras capacidades técnicas como arquitectos-urbanistas, sino que también incorporamos las percepciones, intereses y expectativas de las personas que la habitan.

Entendemos que para intervenir en la ciudad, para transformarla (y no siempre es necesario que sea físicamente), hay que ser capaces de conjugar ambas realidades, la visión técnica y el trabajo de observar, medir y estudiar la ciudad, con la información que obtenemos a través de las diferentes actividades y espacios en los que interactuamos con la ciudadanía.

Metodología…insistís mucho en esto, ¿por qué son tan importantes las metodologías?

Son importantes porque nos permiten estructurar los procesos, hacerlos más eficientes en su desarrollo, evaluarlos, mejorarlos y, lo más importante, replicarlos. Siempre adaptados a la realidad local, pero ser capaces de exportar y replicar los aprendizajes de unos territorios a otros creemos que es muy positivo para la práctica profesional y, en general, para la sociedad.

La participación ciudadana es uno de los temas centrales del libro y es un asunto que marcó, sobre todo, la primera mitad de la legislatura de Ahora Madrid. ¿Cómo valoraríais los procesos participativos que se han venido sucediendo? Tanto el de Plaza de España como el resto.

Aún queda mucho camino por recorrer. Estamos en un momento de aprendizaje, de pruebas y de errores. Es importante ir avanzando en la incorporación de las personas a los procesos de transformación urbana, en primer lugar como elemento articulador de la construcción de la ciudad y por otro lado, como sujeto político.

Sin embargo, por nuestra manera de entender la participación en este tipo de procesos, la voluntad no debe ser la de que las personas, únicamente a través de un ejercicio individual y vinculado a un momento acotado del proceso, expresen sus preferencias. Esto ocurre, por ejemplo, cuando la participación se limita a seleccionar entre un conjunto de propuestas, porque a menudo estas propuestas pueden ser engañosas o poco comprensibles, y porque por lo general las personas no cuentan con la suficiente información sobre estas para juzgarlas adecuadamente. Para nosotros, los esfuerzos deberían ir más orientados hacia proponer, a lo largo de todo el proceso y en los diferentes momentos (desde el análisis a la ejecución, pasando por las fases de diseño), espacios de diálogo, construcción y aprendizaje colectivos. Espacios donde el intercambio sea bidireccional, donde se pueda dar lugar a la negociación, al intercambio de visiones y a la búsqueda de acuerdos que satisfagan las diferentes perspectivas.


Vosotros sois vecinos, como ya hemos dicho más arriba, y vamos a pediros que os mojéis respecto de las trasformaciones en marcha en el distrito Centro y en Malasaña. El centro de la ciudad tiene una identidad muy definida, un caserío muy protegido, un espacio muy colmatado… ¿De qué manera es posible la transformación urbana y en qué sentidos?

Creemos que la solución está en la descentralización, en que Madrid deje de mirar al centro y mire más hacia su periferia, y de esta manera redistribuir esa presión que existe sobre el centro.

Pero, si hablamos exclusivamente del centro, es necesario rehabilitar vivienda, cualificar el espacio público, aumentar la dotación y mejorar los equipamientos, generar un parque de vivienda público y replantear el modelo de movilidad.

Atendiendo a los procesos urbanos en marcha, ¿cómo veis el centro de Madrid y Malasaña de aquí una década?

Nos gustaría ser optimistas y decir que vemos un centro capaz de gestionar la presión turística e integrarla con las dinámicas cotidianas, sin que sustituya a estas; y que ha mejorado la calidad de los itinerarios peatonales, de sus plazas y calles, haciéndolas más amables. Con estas dos cosas creemos que hay suficiente trabajo.

Una de las aportaciones más interesantes del libro son los diferentes casos de estudio urbanísticos, que explicáis de forma muy didáctica. ¿Cuáles de ellos son más aplicables a la realidad del centro de Madrid?

Por una cuestión de escala, sin duda, los ejemplos referidos tanto al espacio público como a los barrios. Los primeros porque es necesaria la transformación de muchos de los espacios públicos del centro de Madrid, y en este caso creemos que sería muy interesante abordarlo desde una metodología que incorporase a las personas, que precisamente han sido sustraídas en los procesos de rediseño de estos espacios (por poner un ejemplo, el caso de la Plaza del Callao). En el segundo, el barrio, porque es fundamental que la planificación urbana del centro de Madrid atienda a una visión estratégica, integral y participativa.

Que no se diga, ¿cuáles son vuestros sitios favoritos de Malasaña cuando os quitáis el traje de urbanista?

¡El traje de urbanista lo llevamos siempre puesto! Pero incluso con él, cuando queremos tomar unas cañas o comer, vamos a menudo a sitios como El Comercial, si es algo más formal, o al Cocobar (por su pastrami) o a El Rincón (por su sol). Para los planes de noche nos gustan el In Dreams y El Perro, todo un clásico.

Por último, queda claro en el libro que no os interesa para nada dejar vuestra impronta en la ciudad con la sombra de una torre en el skyline. Cuando, dentro de muchos años, estéis jubilados comentando el modelo arquitectónico de Benidorm, ¿cómo os gustaría que os recordaran?

Nos gustaría que viviéramos en mejores ciudades, y que tuviéramos algo de culpa en ello. Y, en todo caso, lo que si esperamos es que todas aquellas personas con las que trabajemos, ciudadanía y personal técnico, recuerden que hemos puesto toda nuestra voluntad y conocimientos para mejorar sus entornos y territorios.

Y que conste que somos ¡muy fans de Benidorm!

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