Un museo para guardar la memoria de los rótulos de Madrid: proyecto Paco Graco | Somos Malasaña

Un museo para guardar la memoria de los rótulos de Madrid: proyecto Paco Graco

Basurama y Zuloark recogen carteles y rótulos de tiendas a punto de extinguirse de las calles de Madrid. Su idea: que sirvan para arrancar un museo. De momento los muestran en una exposición

Carteles de los antiguos bares de Malasaña Lozano y Prado, en la exposición de Paco Graco | SOMOS MALASAÑA

Hoy, en el local que ocupaba el Bar Lozano hay una crepería. El hueco del Bar Prado alberga ahora un restaurante de pokés. Y los antiguos Cines Acteon han sido derribados para construir un nuevo edificio. Estos negocios fueron víctimas de la lógica comercial de las grandes ciudades, que sustituyen a ritmo vertiginoso lo viejo por lo nuevo. Pero un proyecto de dos colectivos ha conseguido recuperar su memoria del olvido, conservando sus carteles junto a los de decenas que tiendas de todos los distritos de Madrid. Es el museo Paco Graco.

«Los rótulos son el alma de un comercio: el logotipo que dibujó el dueño o su familia, lleno de ilusión se convirtió en un rótulo hace décadas, ahí sigue, viendo pasar el tiempo. De vez en cuando lo limpian, o lo restauran, pero sólo se cambian cada 20 o 30 años. Así, se van convirtiendo en los testigos más veteranos de las vidas de los barrios». Este texto, que resume a la perfección la importancia de un rótulo para la ciudad, lo firman Basurama y Zuloark. Ambos colectivos que trabajan con la arquitectura y los espacios públicos son responsables de haber puesto en marcha este museo de la memoria, que estos días se exhibe -en parte y solo hasta el 26 de abril- en la sala expositiva de la Junta de Arganzuela.

Paco Graco es el acrónimo de PAtrimonio COmún de GRÁfica COmercial pero también el nombre del tío de Jacobo Cayetano (Zuloark) y Alberto Nanclares (Basurama), las dos almas de esta iniciativa que además de proyecto comparten árbol genealógico. Paco Graco -el tío Paco para ellos- era un conocido rotulista de Madrid, responsable de numerosos trabajos comerciales. «Un día nos preguntamos qué trabajos habría hecho en la ciudad y empezamos a ver el valor que tenían los rótulos», explica Jacobo en entrevista con Somos Malasaña.

Del pensamiento pasaron a la acción: se pusieron a recuperar rótulos por todo Madrid. Empezaron a llevarlos a una nave familiar en un pueblo cercano, y allí se han estado acumulando hasta que el Ayuntamiento les propuso mostrarlos a través de un proyecto de ayudas a la creación. El resultado: una colección de más de un centenar de carteles, entre los que destacan algunos como el de la Cafetería Zahara de Gran Via o los de la zapatería Los Guerrilleros de la Puerta del Sol y Montera. Cuenta Jacobo que muchos de ellos se han recuperado gracias a la cesión de los nuevos propietarios y jefes de obra. «Es irónico que los que ayudan a destruir este patrimonio son los que han cedido estos elementos para su conservación», señala.

Sin embargo, sus impulsores no quieren que la contemplación de estas letras se convierta en una fuente de nostalgia: «No la reivindicamos ni queremos anclarnos en el pasado», puntualiza Jacobo antes de advertir que «todos formamos parte de este cambio» que afecta a los comercios. Su iniciativa va más allá de una mera cuestión estética y tiene que ver con la memoria: «Habla de nosotros y de recuperar los recuerdos anclados a ciertos lugares». El objetivo final es dotar de material para arrancar un hipotético Museo de las Tiendas de Madrid. «Un lugar en el que los ciudadanos puedan ver el patrimonio gráfico conservado de la ciudad, algo que es de todos los madrileños y que sus dueños podrían ceder para conseguir su conservación», imagina Jacobo.

Mientras sucede eso, el museo Paco Graco no para de crecer: han recibido el cartel, toldo y muchos carteles antiguos de La Moda, centenaria tienda de ropa de la calle Pez. Hace unos días retiraban las letras rojas de Casa Benito, en la calle Infantas, y siguen buscando rótulos que rescatar. Tal vez el de la Cafetería Somosierra, en Fuencarral. Aunque hay modos para evitar esta desaparición constante, aseguran desde Zuloark: «Lo que hay ahora puede desaparecer dentro de cuatro meses. La mejor manera de proteger el patrimonio es mantenerlo vivo: cuida tu comercio, cuida tu clientela, cuida tu rótulo, cuida tu calle. Sólo nosotros y nosotras podemos parar las lógicas especulativas y protegernos de los vaivenes del mercado inmobiliario».

Galería de la exposición Paco Graco:

Manifiesto Paco Graco:

Cuando murió nuestro tío Paco, rotulista con más de cincuenta años de experiencia, nos dimos cuenta de que no sabíamos qué rótulos había fabricado. Aunque todo el mundo los ve, a poca gente le importan los rótulos. Por eso, cuando cierra un comercio, habitualmente se tiran a la basura, o en el mejor de los casos se revenden por letras en algún anticuario. Pero si te pones a pensar en rótulos de tiendas, algunos son inolvidables. Porque los rótulos muchas veces son el alma de un comercio: el logotipo que dibujó el dueño o su familia, lleno de ilusión se convirtió en un rótulo hace décadas, ahí sigue, viendo pasar el tiempo. De vez en cuando lo limpian, o lo restauran, pero sólo se cambian cada 20 o 30 años. Así, se van convirtiendo en los testigos más veteranos de las vidas de los barrios, y aunque tú no los veas, ellos te ven a ti. Su estilo representa una época: la pintura sobre madera dejó paso al vidrio, y luego a algunos metales, los neones y los plásticos, el plexiglás, las cajas de luz, y así fueron entrando plásticos menos nobles hasta el momento actual, en el que se pone poco más que un vinilo adhesivo que se come el sol en poco tiempo, al hilo de las muchas restricciones a los anuncios que las ciudades van aplicando.

La gráfica comercial forma parte de la vida de las ciudades, tanto como las tiendas que sus rótulos anuncian: cuando un comercio de barrio cierra, se lleva sus historias y se rompen sus relaciones, se pierden décadas de memoria. A veces se pierde incluso el negocio al que se dedicaba: como pasaron las fábricas de cestas y las academias de mecanografía, pasaron los videoclubs y los «decomisos», y pasarán los Starbucks Coffee y los Tim Hortons, en un ciclo de reemplazo cada vez más corto. Aunque la población en las ciudades está en constante cambio, y con ella los comercios que necesita, sabemos que los barrios necesitan bares y fruterías tanto como relojerías, tiendas de ropa interior o de materiales de construcción, donde se desarrolle la vida. Sabemos que no pueden vivir sólo con franquicias sin alma, cafés- panaderías, casas de apuestas, pisos turísticos y restaurantes de lujo.

PACO GRACO es un proyecto de defensa y protección de un patrimonio común de Madrid que está gravemente amenazado en los últimos tiempos: el patrimonio gráfico comercial, testigo de la historia de esta ciudad y sus vecinos y vecinas. Pretende proteger y preservar ejemplos de rótulos de comercios de Madrid, que están siendo desmantelados y derribados de manera masiva en los últimos años. Durante los últimos años, nos hemos dedicado a rescatar rótulos de tiendas que van cerrando, y queremos seguir haciéndolo. Ahora hacemos un pequeño balance de estos años y exponemos algunos de ellos.

PACO GRACO Pretende generar un catálogo vivo de rótulos, tanto de los rótulos que aún están en la calle como de aquellos rescatados de locales que los desechan cuando cambian de negocio, pero sobre todo pretende con ello generar una conciencia de cuidado de los tejidos humanos de los barrios: el tejido comercial es tejido social: l

Esta exposición muestra algunos de los rótulos que hemos ido rescatando, junto a las colecciones existentes de imágenes y análisis de rótulos: exponemos juntos por primera vez colecciones de imágenes de gráfica comercial que datan de los últimos 50 años. No queremos que la muestra sea un cementerio de comercios desaparecidos, ni un lamento por el Madrid que se fue; queremos que sea una celebración de nuestro patrimonio: una mirada al pasado que nos permita afrontar el futuro: debemos proteger nuestro patrimonio gráfico, sí, pero también queremos unirnos a su construcción desde la actualidad: nosotros también seremos algún día el pasado de esta ciudad desmemoriada, así que debemos aportar a Madrid desde nuestra época, con nuestras técnicas, nuestros contextos y nuestras coyunturas, también con nuestras redes y nuestras formas de vida.

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