Malasaña 2039: Realidad aumentada para resucitar el extinguido comercio tradicional

'Malasaña 2039, una distopía hiperlocal' es una breve serie de reportajes-ficción sobre una sociedad no tan lejana. Tras 20 años consecutivos de gobiernos de políticas neoliberales el centro de la ciudad se ha transformado. Lecturas dominicales en Somos Malasaña

«En el número 18 puede ver la última pescadería a pie de calle que existió en Malasaña. Hace 60 años convivían en esta calle del Espíritu Santo hasta siete comercios de venta de pescado. ¿Desearía entrar en Pescadería Hermanos Salvadores, ver el género que vendía, conocer a sus antiguos propietarios?».

Una voz agradable -masculina o femenina, según elección, y en distintos idiomas- no deja de disparar pequeñas píldoras de información sobre antiguas tiendas de proximidad cuando paseamos por Malasaña con las gafas de realidad aumentada que desde el próximo miércoles el Ayuntamiento de Madrid pondrá a disposición de cualquier persona interesada en hacer una ruta turística para saber más sobre el pequeño comercio tradicional desaparecido del centro de Madrid hace ya unos años.

Este servicio municipal, que se estrena en el barrio de Universidad en espera de que llegue a otras zonas céntricas de la capital, será operado por una compañía privada y ha sido presentado hoy con éxito ante la prensa. El dispositivo tecnológico se podrá conseguir en préstamo en la recepción de cualquier establecimiento de alojamiento turístico de la ciudad y el usuario podrá devolverlo en cualquier otro establecimiento del mismo tipo.

Con las gafas puestas y el modo ‘on’ activado basta con comenzar a andar por las calles y fijar nuestra vista un par de segundos en un punto de interés para activar la información sobre el último o los últimos comercios tradicionales que allí hubo. En la mayoría de las ocasiones, además de mostrarnos las antiguas fachadas de los comercios, se nos ofrece la posibilidad de realizar una visita virtual al interior del extinto establecimiento e, incluso, tenemos a nuestra disposición material audiovisual protagonizado por los mismos comerciantes que los regentaron.

La realidad aumentada añade capas de información audiovisual a lo que nos rodea y, de este modo, contextualiza el mundo real con el virtual. Aplicada al turismo, este tecnología permite recuperar buena parte de lo que hacía distinta a una ciudad de otra y que, poco a poco, se fue perdiendo hasta llegar a la actual homogeneización de los grandes núcleos urbanos. El comercio tradicional fue, sin duda, uno de esos distintivos diferenciadores.

«La tecnología nos ha permitido resucitar el comercio tradicional extinguido en los barrios del centro de Madrid, a través de un servicio que estamos seguros de que interesará tanto a los nostálgicos de un tiempo que ya pasó como a quienes no han tenido la posibilidad de entrar en su vida en una mercería de las de antaño», declaran desde el Ayuntamiento, orgullosos de la puesta en marcha de una propuesta pionera que es, a la vez, según dicen, «un homenaje a todos aquellos emprendedores que se dejaron la piel durante generaciones tras los mostradores de sus negocios»; despreocupados acerca de quienes les critican por haber dejado que desapareciera aquello que ahora pretenden hacer revivir de forma virtual.

Cabe recordar que la desaparición del comercio tradicional en el centro Madrid fue un fenómeno progresivo que se aceleró en la década de los años 20, cuando después del fin de los contratos de renta antigua, la paulatina gentrificación de las zonas centrales de la ciudad y el aterrizaje en ellas de las grandes franquicias, llegó la extinción de los vecinos residentes en esas áreas, tanto por causas naturales como, sobretodo, por presiones económicas, así como por las políticas que facilitaron la reconversión de viviendas y edificios residenciales en alojamientos turísticos.

Tras la paulatina desaparición de su clientela natural, al maltrecho comercio tradicional le dio la puntilla definitiva la ordenanza municipal que también permitió convertir los bajos comerciales en viviendas vacacionales.

S.M, antiguo presidente de la asociación de comerciantes de Universidad, recuerda con cierta pena los años de lucha por la supervivencia del pequeño negocio inmediatamente anteriores a la derrota definitiva: «Los sucesivos gobiernos municipales se deshacían en elogios al emprendimiento y hacían promesas de ayudas directas e indirectas que nunca llegaron a materializarse. Y así hasta que llegó al poder este mandatario que todos conocemos, y de cuyo nombre no quiero ni acordarme, y nos dijo claramente que poco podía hacer ya por nosotros, que nos habíamos quedado anticuados, que el mercado exigía otro tipo de servicios y que lo mejor que podíamos hacer es echarnos a un lado».

«Ni las decenas de bares tradicionales que había en una zona tan de cultura de garito como Malasaña pudieron sobrevivir al cataclismo comercial», rememora S.M. «Seguro que también se podrá entrar ahora virtualmente a alguno de ellos a través de ese servicio municipal de realidad aumentada que anuncia el Ayuntamiento. Aunque para saber lo que fueron lo mismo es eso mejor que visitar esa reserva india que es el Museo de la Movida, puesto en marcha tiempo atrás por la ínclita Begoña Villacís y donde los bares musicales tienen también su espacio de cartón piedra».

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2 Comentarios

  1. Josep

    Gente guapa paseando…?? Me encanta

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  2. Ana

    Tampoco hay que ensalzar todo lo antiguo por el simple hecho de serlo. Tan malo es cargarse todo lo tradicional como idealizarlo todo, hasta lo que no era positivo. Una calle pequeña en la que se juntaban 7 pescaderías debía oler francamente mal, y Espíritu Santo hace 30 años la recuerdo como una porquería de calle fea, triste y sucia en la que nadie quería vivir. Ahora es una preciosidad gracias a los nuevos comercios que han llegado últimamente, que la han llenado de flores, helados y gente guapa paseando. La gentrificación trae cosas malas, pero también buenas, y debemos reconocerlo.

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