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La Moda, la tienda que ha vendido ropa infantil en tres siglos diferentes

El maniquí de los morros manchados de chocolate lleva ahí cuatro generaciones

Luis de la Cruz

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Al filo de las 10 de la mañana Malasaña aún se está desperezando. Es lo que tiene ser Malasaña. Hemos quedado en La Moda, esa tienda de ropa infantil de toda la vida en la que seguramente nos hayamos fijado, en la calle del Pez. Hoy, 23 de noviembre, se presenta en frente de la tienda la novela Ya no vuelan cometas en los cerros del viento, de Eduardo Guibelalde del Castillo, y en sus páginas hay mucho de lo que Ángel Viñuales, propietario de La Moda, ha hablado con el autor del libro durante los últimos años, hasta el punto de que el mismo Ángel se ha convertido en un personaje de la obra. Esta novedad literaria nos sirve de excusa -aunque no fuera necesaria- para poner el foco en este negocio más que centenario, que ha vendido ropa infantil en tres siglos diferentes. “Esto es cosa de última hora, en la presentación del libro estará Alfredo Pérez Rubalcaba, que es compañero del autor”, nos cuenta Viñuales. Como se ve, los tenderos de verdad siguen siendo las mejores fuentes de información del barrio.

La Moda la pusieron en pie los bisabuelos de Ángel en 1896. Entonces ya era de ropa infantil, por eso cuando cumplieron un siglo, además de la famosa placa de los comercios centenarios, les hicieron un homenaje en la Feria Internacional de Ropa de Niños, donde no tienen constancia de otra tan antigua en su especialidad.

El bisabuelo de Ángel llegó a Madrid desde Épila (Zaragoza) y se colocó en una tienda del sector, donde dormía y donde conoció como clienta a su bisabuela. Juntos, Bienvenido y Carmen, abrieron La Moda, donde ha trabajado desde entonces y también vivido –anteriormente la trastienda era vivienda– la familia. El mismo Ángel vino directo del hospital a la calle del Pez.

Hasta los años 50 la ropa que se vendía en La Moda se confeccionaba en un taller de la vecina calle Minas, luego llegaron los pequeños fabricantes y, finalmente, las grandes fábricas y firmas. “El sigo de los tiempos”. Y es que, efectivamente, se podría usar La Moda como recurso narrativo para contar la historia del barrio: bien podría haber inspirado a Baroja para describir la tienda en la que trabajaba y vivía Lulú en El árbol de la ciencia y durante la guerra subsistieron “cambiando telas por comida”, cuenta Ángel.

Nada más entrar al establecimiento, a la izquierda, una vitrina sirve de pequeño gran museo de La Moda: baberos, fotos de la familia y de la calle, reconocimientos, publicidad de época…“La cigüeña traerá a su hijo pero… Desnudo. Vístalo en La Moda”. Ríete tú de los creativos de mac y bigote encerado.

Malasañero castizo es el pequeño maniquí del escaparate, un niño comiendo chocolate que ha visto ya tres siglos. “No sé exactamente su edad, mi referencia es mi tía, que murió con 96 años y lo conocía desde niña. Cuando la gente pasa por delante dice, mira, cuando era un niño ya estaba ahí”.

Este enganche sentimental con los vecinos de toda la vida es importante para el pequeño comercio. “Vienen muchas abuelas y bisabuelas a comprar la primera muda de nietos y bisnietos, como hicieron con sus hijos. Luego igual no vienen más, pero esa segura”. También siguen vendiendo, como siempre han hecho, la ropa de muchos colegios de la zona, “aunque, cada vez más, la venden ellos mismos”.

Ángel recuerda perfectamente cuando Pez era una de las calles comerciales más señeras de Madrid, “casi más importante que Preciados”. Eran los tiempos de aquella publicidad que, impulsada por los comerciantes de la calle, rezaba en prensa y radio: “quien compra en la calle del Pez, bien sabe lo que se pesca”. Una calle donde, nos recuerda el tendero, “uno podía venir y comprarse todo lo que necesitaba” y donde en 1977 los Comercios Unidos de la Calle del Pez hicieron que fuera la primera con alumbrado navideño, por ejemplo.

“Hoy el negocio está flojo, el barrio ha cambiado mucho, no hay otras tiendas en la calle que justifiquen venir específicamente aquí y todo se lo llevan las grandes superficies”, cuenta Ángel, que se refiere a los negocios de toda la vida desaparecidos por el nombre propio de sus propietarios.

En 2018, La Moda sigue vendiendo ropita de buena calidad a precios razonables entre Malasaña y la Gran Vía -la senda de los turistas- y sería un triunfo de toda la ciudad que el niño de escayola de su escaparate siguiera mirándola en 2096, cuando el establecimiento celebraría su segunto centenario y estuviera a punto de ver llegar un cuarto siglo.

Y recuerda...

Qué: presentación de la novela Ya no vuelan cometas en los cerros del viento, de Eduardo Guibelalde del Castillo, en la que hay un personaje inspirado en Ángel Viñuales.

Dónde: calle del Pez 27 (librería Cervantes y compañía)

Cuándo: viernes 23 de noviembre a las 19.30 h.

Cuánto: asistencia libre
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