Helados curiosos para el niño y la niña - Somos Malasaña

Con nubes, nitrógeno líquido, dentro de peces… las nuevas formas de comer helados

Malasaña, el barrio donde encontrar más helados particulares, como el patio de mi casa, por metro cuadrado.

Hace calor.

Pues nada, empiezo soltando un buen topicazo: «los helados ya no son lo que eran». Sí, y los tomates ya no saben, los niños son seres inocentes, tener descendencia es lo mejor que te puede pasar en la vida y votar sirve para algo; ya puestos, decir cosas es gratis y repetirlas hasta la saciedad, también.

En realidad hace un calor horrible.

En cierto modo, ahora los helados ya no pueden ser simples helados, tienen que aportar algo más. No vas a disfrutar de un producto refrescante, sabroso y cremoso, el valor añadido está en que sea bonito, fotografiable y original, que tenga un plus de texturas, colores o efectos especiales, que cada vez que vayas ofrezcan una oferta diversa de sabores; en resumen, que sea una experiencia.

Ya no nos gusta comer, nos gustan las experiencias. Todo son experiencias, el disfrute es lo de menos, lo importante es la experiencia: una experiencia gastronómica, una experiencia viajera, una experiencia de bienestar… Tal vez nos estemos pasando con las experiencias y, con ello, convirtiendo algo que en su sencillez es perfecto en un monstruo llamativo y de gusto kitsch, o tal vez no.

Ahora que me doy cuenta, esto de tunear los helados viene de tiempo atrás, basta con recordar aquellos banana splits costeros con bengalas, palmeras de plástico, guindas y nata montada atroz haciendo castillejos y todo tipo de maravillas para epatar a la novieta de verano o para servir de casa estival de Papá Pitufo. El despliegue de medios heladeros no es una novedad.

Me sofoco.

Acompañemos el helado con más helado. Si Vanilla Ice habla de sí mismo en esta canción, ¿podría decirse que es un metahelado de vainilla?

Ardo en amor divino.

Bueno, voy a hablar de algunos helados curiosos de Malasaña para que vengáis, los probéis y podáis fardar un rato con los amiguis. Este año no me pilláis en una ola de calor hablando de churros con chocolate como el año pasado, ¡ya he aprendido!

Ice and Dreams

Empecemos con helados y nubes, tonos blancos y la siguiente premisa:

Si me hubieran hecho en el cielo no tendría este calor infernal.

En esta heladería ofrecen helados con nubes de algodón, conos con diversos sabores y muchos aderezos. Es la heladería perfecta si quieres subir una foto a Instagram que reciba muchos «me gustas mucho tú y esas cosas», lo petas seguro. También tienen wafles-piruletas, que conste. El local es cuqui requetcuqui y tiene mesitas para tomarte el helado in situ.

M. elige un cono normal con helado de carbón activo, chocolate y coco (2,80 €) más nube de algodón (1,00 €). El cono crujiente, el helado es el típico de máquina, una versión de la famosa Carpigiani que invadió el litoral del sur y del levante hará ya 30 años o más. El carbón activo se obtiene, por lo visto, carbonizando cáscara de coco (lo más común), nuez o madera y sacando de las cenizas, mediante un procesado con vapor y gases, unos polvos que se utilizan en fármacos, cocina y más cosas. Dicen que es bueno para eliminar toxinas —a saber— y que si te comes doscientos mil helados de carbón activo tal vez te sienten mal… Aquí tenéis un artículo que habla en profundidad del tema. El artículo es de 2017 porque el carbón activado se puso de moda en esas épocas. El helado sabía ligeramente a chocolate y un poquito a coco (posiblemente ese sea el sabor del carbón activado o activo, como os guste más), la textura era la típica de los helados de máquina, muy cremosa, suave. La nube de algodón que lo ceñía me retrotrajo a la Feria de Muestras de Gijón, a los coches de choque y a Los Chunguitos.

Aparte de los ingredientes señalados, probablemente, el helado tenía glucosa atomizada, azúcar invertido y algún que otro estabilizante pero, aunque realice crítica gastronómica —o whatever— no sabría distinguir sus sabores. Saludos a los lectores que pretenden que los críticos gastronómicos sepan todos los ingredientes de un plato, espero que como lectores realicen sus lecturas en profundidad.

Estrellitas, algodón, levedad y piel tensa.

Yo, por mi parte, elijo un cono premium (1,00 €) con helado de vainilla (2,80 €) y topping de fideos de chocolate y crema de chocolate (0,40 €). El helado de vainilla de máquina, con textura cremosa y suave como el anterior, podría ser de vainilla o de nata o de cualquier otra cosa insípida. Tiene poco saborizante, me temo. Por su parte, el cono premium lleva chocolate con trocitos de galletas Lotus (sí, esas de caramelo) incrustadas que le van muy bien y, junto a los fideos y la crema de chocolate, le aportan algo de gusto y textura al conjunto.

Sensación de brisa marina y helicóptero a lo lejos.

Este establecimiento es perfecto para mostrarte en redes y tomarte un helado divertido.

Ice & Dreams se encuentra en Calle Pez 2.

N2 Lab

El local es particolare. Se presenta como una especie de laboratorio —como su propio nombre indica— con su tabla periódica de siete sabores a elegir (como el número atómico del nitrógeno), sus trabajadores con batas de laboratorio y fluorescentes en el techo.

En realidad, lo que ofrecen no son helados sino nitrolados, nitropiruletas y nitroshakes. Además de bolas de dragón: bolas de maíz con nitrógeno líquido en su interior que te harán echar humo como un dragón que se precie, wafles con nitrolado y esas cositas de moda.

Las premisas pueden resultar poco atractivas y disuadirnos de probar si lo que queremos es disfrutar de un buen helado y no de pijadas, pero la vida te da sorpresas.

Empiezo probando la nitropiruleta (0,75 €) de fresa. Es agradable, de sabor intenso, sencilla, fresca, como un polo helado pero menos tieso. Una piruleta helada que, en la foto, con la luz fluorescente parece un poquito radioactiva.

M. escoge un nitrolado (4,20 €) sabor plátano y fresa. Ofrecen un topping por ese importe entre una amplia variedad que incluye hasta Peta Zetas, pero M. no quiere nada. Cogen el sabor elegido de una especie de máquina de granizado, añaden el nitrógeno y con una amasadora estilo años 50 estadounidenses crean el nitrolado. Agradable mezcla de sabores, delicada y con una textura realmente especial, recuerda bastante a un buen helado italiano, un punto menos cremoso y con algo de fantástico granizado siciliano, fluido, sutil, resbaloso. Está muy bien. Al parecer, el nitrógeno líquido, a −196 ºC, al entrar en contacto con los ingredientes los enfría inmediatamente creando cristales de hielo mucho más pequeños que con la técnica tradicional, por eso resulta una textura tan fina y agradable.

Yo me decanto por un nitroshake de chocolate (4,40 €). Sabe a chocolate adecuadamente y la textura es densa, para mi gusto estupenda. Siempre he apreciado particularmente los batidos de cuchillo y tenedor, debo tener ascendencia americana o algo. La elaboración, como podéis ver en la foto, echa humo, humo frío.

Ah, has encendido el aire acondicionado.

Este sitio merece la pena si te gustan los helados sabrosos y de textura particularmente fina y fluida, los batidos contundentes y que te elaboren lo que elijas en el momento. Es una propuesta original y para disfrutar.

N2 Lab se encuentra en Calle Gravina 5; no es Malasaña, es más bien Chueca.

La Pecera

Nos acercamos un día a La Pecera y había una cola importante. Qué raro es todo, siempre criticando a la URSS y sus colas para comprar mantequilla y, luego, en plena Malasaña —barrio-oda-al-consumismo— hay colas para comprar un helado. Por lo visto, aquí las colas sí molan.

Volvemos otro día porque las colas no son lo nuestro, ni las comunistas ni las liberales. Esta vez no hay cola, aunque se comprende que la haya normalmente, el local es diminuto. Lo especial de estos helados son sus conos en forma de taiyaki. Dicho término japonés significa «besugo asado», evocando su forma, y esta masa normalmente en su país de origen se suele rellenar con pasta de judías dulces.

Aquí ofrecen estos conos de chocolate y normales, la masa es similar a la de los gofres versión americana, es decir, no los duros, sino los más esponjosos. Es una masa muy agradable que funciona como buen sustituto del barquillo. El helado en sí no tiene nada de particular, es de máquina. Probé el de dos sabores, yogur de mango y chocolate 60 %: el yogur de mango sabía poco a mango y el chocolate sabía a licor y no a chocolate.  Su precio es 3,5 €.

Ya está todo en orden.

Recomiendo probarlo por la masa, está bien. El aspecto del helado puede agradarte y resultarte simpático o recordarte a una oca sobrealimentada cuyo hígado será nuestro manjar, depende de cómo funcione tu cabeza, la mía mal.

La Pecera se encuentra Calle de Velarde 2.

Popota

Con un local amarillo de estética propia de los años 20 americanos, en Popota ofrecen helados de sabores muy originales y realmente logrados. De textura agradable, aunque no exactamente como la de los helados italianos, en este lugar bordan los gustos, incluyendo hasta un helado de croissant, con trocitos del mismo y delicado toque mantequilloso.

Sus propietarios ganaron el Premio a Mejor sabor del Mundo —en la Copa del Mundo de Heladería de 2018— con su Mago Merlín, cuyos ingredientes fundamentales son plátano, coco y maracuyá. Dicha combinación resulta excelente por su perfecto balance de acidez y dulzura.

También probamos el sorbete de cereza morello con frambuesa y el sorbete de lima Kaffir (una lima de piel llena de protuberancias, algo alienígena, pero muy aromática y fresca), limón y un toque de lavanda. Deliciosos ambos y, de nuevo, perfecto equilibrio de extremos con delicados matices aromáticos. La textura del sorbete, para mi gusto, está más lograda que la de helado.

También hacen un hot dog de helado, ese no lo probamos.

La tarrina mediana creo recordar que costaba 3,5 €.

Recomiendo sin duda este sitio para el que le gusten los sabores diferentes, sabiamente combinados —algunos francamente sorprendentes— y con materias primas de calidad.

Popota se encuentra en Calle Carranza 9.

Cerca de Malasaña también está, en la calle San Bernardo 96, al lado de la glorieta, la Gelateria La Romana, una especie de franquicia heladera que ofrece helados italianos realmente buenos. Aunque no curiosos, su textura es de lo mejorcito.

¿Cenamos helado?

Espero que estéis disfrutando de «la playita».

P.S. Las fotos con Canon, compacta, me están derritiendo el cerebro a la moda del momento, creo que la Nikon, réflex, era más real con su oscuridad intrínseca.

P.S. I Hoy no pongo despiece, hace calor, solo puedo ser ligera, estoy cansada.

P.S. II Hay más sitios, como el famoso Lolo Polos Artesanos de Espíritu Santo o Malvy’s Shake en San Onofre, donde tienen un compendio de todo tipo de helados particulares. No pretendo ser exhaustiva.

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