Fahrenheit 451 en San Bernardo: los libros que ardieron por ser «enemigos de España»

El 30 de abril de 1939, ante la mirada de falangistas con el brazo en alto, ardieron libros de Rousseau, Marx, Voltaire, Lamartine, Gorki o Freud.

Quema de libros en el patio de la Facultad de Derecho de la Universidad Central

Hoy, 30 de abril, hace ochenta años de un hecho terrible que remite a las imágenes del Berlín nazi pero que sucedió en la Universidad Central de Madrid (en la calle de San Bernardo) justo después del final de la Guerra Civil: la quema pública de libros peligrosos –culpables y derrotados, como las personas– por parte del SEU (Sindicato Español Universitario).

Contamos con una descripción –terriblemente apasionada– en el diario Ya, publicada bajo el título de Auto de fe en la Universidad Central:

Los enemigos de España fueron condenados al fuego. “El Sindicato Español Universitario celebró el domingo la Fiesta del Libro con un simbólico y ejemplar auto de fe. En el viejo huerto de la Universidad Central –huerto desolado y yermo por la incuria y la barbarie de tres años de oprobio y suciedad– se alzó una humilde tribuna, custodiada por dos grandes banderas victoriosas. Frente a ella, sobre la tierra reseca y áspera, un montón de libros torpes y envenenados. […] Y en torno a aquella podredumbre, cara a las banderas y a la palabra sabia de las Jerarquías, formaron las milicias universitarias, entre grupos de muchachas cuyos rostros y mantillas prendían en el conjunto viril y austero una suave flor de belleza y simpatía”. [El catedrático de Derecho, Antonio Luna, en su disertación afirmó]: “Para edificar a España una, grande y libre, condenados al fuego los libros separatistas, los liberales, los marxistas, los de la leyenda negra, los anticatólicos, los del romanticismo enfermizo, los pesimistas, los pornográficos, los de un modernismo extravagante, los cursis, los cobardes, los seudocientíficos, los textos malos y los periódicos chabacanos. E incluimos en nuestro índice a Sabino Arana, Juan Jacobo Rousseau, Carlos Marx, Voltaire, Lamartine, Máximo Gorki, Remarque, Freud y al Heraldo de Madrid”. Prendido el fuego al sucio montón de papeles, mientras las llamas subían al cielo con alegre y purificador chisporroteo, la juventud universitaria, brazo en alto, cantó con ardimiento y valentía el himno Cara al sol.

Antonio Luna, el catedrático que “oficiaba” el auto de fe era Delegado Provincial de FET de la JONS en Madrid y Secretario Nacional de la Jefatura de Educación y responsable de la primera depuración del profesorado tras la guerra.

El acto fascista de depuración bibliográfica daba continuidad al devenir de los libros en muchos lugares durante la guerra y proseguiría con el expurgo ideológico de bibliotecas, librerías y profesionales de los libros. Sobre el bibliocausto franquista conviene consultar el trabajo del historiador mallorquín Frances Turc, publicado en forma de ensayo breve por Piedra Papel Libros.

Ya el 19 de agosto de 1936 se había producido la primera gran hoguera de papel y tinta en La Coruña. Ardieron en aquella ocasión obras de Blasco Ibáñez, Ortega y Gasset, Pío Baroja o Miguel de Unamuno. Pronto se promulgaron normativas, como la de septiembre del 37 sobre formación de comisiones depuradoras de las bibliotecas públicas y centros de lectura en los distritos universitarios.

La depuración había alcanzado a la que fue la primera mujer jefa de una biblioteca de facultad (la de Filosofía y Letras) de la propia Universidad Central de Madrid, Juana María Capdeviele Sanmartín, que también había sido bibliotecaria en el Ateneo de Madrid. Precisamente, otro de los jerifaltes falangistas presentes en la quema de aquel día fue Salvador Lisarrague, que se ocupó del intervenido Ateneo.

No todas las efemérides que se dan en abril alrededor del mundo del libro son dignas de celebrarse…pero sin duda todas han de ser recordadas.

1 Comentario

  1. Peyo

    Terrible documento. Gracias al periódico por ofrecernos estas joyas de cuando en cuando.
    El fascismo sigue entre nosotros, nunca se fue.

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