«El objetivo es poner todos nuestros apartamentos turísticos en el mercado del alquiler de larga duración»

La crisis sanitaria y económica generada por la Covid-19 y las medidas puestas en marcha para tratar de paliarla han golpeado duro al sector de los apartamentos turísticos. Muchos de los pisos que se ofrecían en ese mercado tratan ahora de buscar inquilinos en el del alquiler residencial, que también se halla en retroceso, tanto en demanda como en precios

Fachada del edificio de Minas 12 cuyos pisos, con licencia hotelera, buscan ahora inquilinos de larga estancia | SOMOS MALASAÑA

Pablo Bosch es uno de los socios de Madrid Central Suites, empresa que se ha venido dedicando al alquiler de viviendas de uso vacacional, de temporada y de larga duración en la zona de Malasaña. En este área gestiona parcialmente edificios de apartamentos propiedad de distintas mercantiles: alguno tiene licencia hotelera, como el situado en el número 12 de la calle Minas, mientras que otros -Minas 5, Pozas 16 y Apodaca 5- operan con un uso mixto entre residencial y turístico, gracias al cual se mantienen dentro de lo permitido por el Plan Especial de Hospedaje.

El negocio iba viento en popa hasta que llegó la pandemia. Con ella, nos cuenta, su plan empresarial y el de los dueños de los edificios que cogestiona ha dado un giro radical y ahora buscan inquilinos en lugar de huéspedes para todas las viviendas. «Esto no es una crisis pasajera. No hay turistas y es algo que va a seguir así por lo menos durante todo el año 2021. De ahí que nuestro objetivo principal sea transformar todas nuestras viviendas en alquileres de larga duración».

Esta declaración de intenciones, sin embargo, se encuentra ahora con una inesperada realidad: desde el inicio de la pandemia la demanda de pisos en alquiler en Malasaña habría descendido hasta en un 50%. Es Pablo Bosch quien habla de que ha caído mucho el número de quienes ahora buscan piso en este barrio, mientras que María Matas, socia de API Monteleón, referente inmobiliario en la zona, no sólo corrobora su afirmación, sino que precisa el porcentaje de caída, según lo observado a pie de calle desde su negocio.

Estamos en tiempos de ajustes de todo tipo: de demanda, de oferta -que se incrementa tanto por las despedidas de quienes han debido de cambiar de barrio al no conseguir renegociar con sus caseros una renta a la baja como por la menor llegada de estudiantes al barrio y la irrupción en el mercado de muchos de los apartamentos vacacionales a los que hemos hecho referencia- y también de ajustes de los precios.

Sobre este último aspecto, Matas atestigua que sólo desde el mes de agosto a esta parte habrían caído cerca de un 20% y Bosch afirma que en alguno de los edificios que gestiona se pueden encontrar apartamentos de unos 50 metros cuadrados, recientemente reformados y totalmente equipados, por entre 500 y 800 euros mensuales: «Los que están en edificios de uso mixto -turístico y residencial- se pueden alquilar por un año o más si se desea. En general, por su tipología de pequeño tamaño, alguno en corralas, las personas que los alquilan no suelen querer permanecer mucho tiempo en ellos. Son ideales para estudiantes y para quienes vienen a trabajar a Madrid por un período de tiempo determinado. Lo que pasa es que ahora no hay ni de lo uno ni de lo otro. Tenemos más oferta de calidad que demanda».

La creciente existencia durante los últimos años de pisos de alquiler turístico en edificios de viviendas del centro de las ciudades, especialmente, ha sido señalado como uno de los fenómenos que ha provocado escasez de alojamientos de alquiler residencial y, por lo tanto, una subida del precio de las rentas en este mercado. Pablo Bosch no coincide con esta lectura y pone el ejemplo de los apartamentos que su empresa gestiona. Afirma que estaban en edificios antes vacíos y amenazando ruina en el momento en el que fueron restaurados por sus propietarios para, según la licencia que tuvieran, ofrecerlos tanto a turistas como a inquilinos fijos. El Plan Especial de Hospedaje de Madrid, aprobado por el anterior ejecutivo municipal, trató de regular el mundo del alquiler de corta estancia en Madrid. «Todo debe tener un equilibrio. No creo que sea bueno que sólo haya viviendas de uso residencial en los centros de las ciudades ni que en ellos no viva gente y sólo haya actividad económica. Los edificios con uso mixto favorecen a los barrios», indica Bosch.

En cualquier caso, el hecho de que la pandemia haya hecho que estén volviendo viviendas, o tratando de volver, al mercado del alquiler residencial de larga duración es una buena noticia para el vecindario y para el bolsillo de los inquilinos, actuales y futuros, más allá de que la crisis económica que ha llegado con el virus, y la incertidumbre que genera, no propicie ahora mismo que la demanda de pisos se acerque ni por asomo a la que había antes de marzo.

Según Bosch, actualmente no llegan a Madrid casi visitantes y los que lo hacen es pagando precios muy bajos. No salen las cuentas. El estado de alarma les obligó a buscar alquileres residenciales para todas sus viviendas, en el ínterin ofrecieron gratis sus pisos al personal sanitario que pudiera necesitarlo y han sido las nada halagüeñas perspectivas sobre una pronta recuperación del turismo las que les han hecho replantearse definitivamente el futuro.

«No queremos depender sólo del turismo. Hemos apostado por un cambio en el modelo de negocio y estamos abiertos a que vengan a preguntarnos por los pisos que tenemos en alquiler de larga duración». Su empresa maneja una cartera de alrededor de 60 viviendas en el barrio. Aquellas que tienen licencia hotelera presentan el hándicap de que no se pueden empadronar en ellas los inquilinos, algo que Bosch considera un «error» pero que, de momento, es lo que hay. En los edificios de Minas 5 y Pozas 16 afirma que ya no hay ningún turista; han conseguido que todos los pisos tengan contratos de larga duración.

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2 Comentarios

  1. Esc

    El turismo está muerto hasta 2023 al menos, y encima el teletrabajo ha venido para quedarse. Las empresas ahorran un montón en alquileres así que para que vas a pagar un riñón por si puedes trabajar desde el pueblo. Cuando se llenaban los bolsillos a costa de los turistas no pensaban en el barrio. Hasta en el barrio de Salamanca han vendido 3 bloques de pisos turísticos, se los ha quitado rápido antes que llegue el ostión. Ya veréis en Enero 2021 cuando todos los que trabajan en los hoteles se vayan a la calle.

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  2. Bodegueros en pie de guerra

    los que ayudaron a gentrificar el barrio ahora desean que vuelvan los vecinos que ellos echaron.Se quedaron sin clientes pues ahora que se jod..

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