El huevero anarquista del Mercado de los Mostenses que editó a Carranque de Ríos | Somos Malasaña

El huevero anarquista del Mercado de los Mostenses que editó a Carranque de Ríos

El escritor acudió al mercado para ver a un poco corriente editor que acabaría perdiendo el dinero invertido en publicar el poemario 'Nómada', que Carranque de Ríos había escrito en su periplo parisino.

Revista Crónica, 23 de septiembre de 1934

Los mercados son lugares maravillosos donde, si te paras a escuchar y a mirar con detenimiento, puedes descubrir grandes historias. Esta la hemos conocido leyendo una publicación de 1934, pero de haber estado en el Mercado de los Mostenses hacia 1923, quién sabe, quizá podríamos habérnosla topado en persona.

El mercado de entonces no es el actual, ojo, –ni tan siquiera la plaza coincide con la primigenia –. Aquel era uno de hierro y metal, desaparecido en 1925 con las obras de la Gran Vía, que cambiaron mucho la fisonomía antaño abigarrada de la zona.

Vendía huevos en el mercado en aquella época un anarquista que decidió meterse a editor y sacarle a un joven Andrés Carranque de Ríos su primer libro, el poemario Nómada, que había escrito durante una estancia en París. El aspirante a escritor exprimió en su periplo francés el ambiente literario y anarquista del país vecino, mientras ganaba unos francos trabajando como barnizador.

Según relata el propio Carranque, aquel día acudió con un amigo a ver al huevero anarquista de los Mosteneses y en la trastienda, rodeado del género, le recitó sus versos. Al comerciante debieron de gustarle aquellos poemas revolucionarios – y dice la crítica, aún bisoños– del joven escritor e invirtió 600 pesetas en su edición; capital que perdió puesto que, a decir de Carranque, «se vendieron en la Península, Baleares y Norte de África cinco ejemplares».

Carranque de Ríos no creció como un niño de Maravillas sino como cachorro de la jauría proletaria de El Rastro. Siendo el mayor de 14 hermanos en una familia humilde, de origen manchego, su vida transcurrió entre muchas estrecheces

Mercado de los Mostenses | MADRIDHISTORICO.ES

El joven Andrés desempeñó innumerables empleos: vendedor ambulante, albañil, representante de boxeo, peón de albañil, estibador, marino… Con 13 años entró a trabajar como aprendiz en una ebanistería y durante el estallido de lla huelga revolucionaria de agosto de 1917 intervino en los asaltos a las tiendas de comestibles de la zona que mujeres y niños solían llevar a cabo durante los conflictos de la época. Entró entonces por primera vez en la cárcel, profesando ya ideas anarquistas.

Tras la experiencia revolucionaria y su paso por la cárcel, marchó brevemente a Santander y de allí embarcó (como polizón) hacia Saint-Nazaire, Amberes y París, de donde vendría con cuartillas emborronadas antes de visitar al huevero de Mostenses.

Fueron estos años de consolidar su carrera literaria y de militancia. Comenzaba a publicar algunos cuentos en prensa y después del asesinato de Dato, en 1921, fue detenido por repartir octavillas con un manifiesto subversivo que él mismo había redactado. La imagen del escritor portando bajo la capa española centenares de las octavillas mientras otros compañeros anarquistas las repartían remiten a su aura de golfo bohemio. Durante estos años participaría del grupo de afinidad Spartacus.

También durante los años veinte participaría activamente del mundillo del cine, apareciendo como actor o figurante en distintas películas de la época: Al Hollywood madrileño, La del Soto del Parral o Zalacaín el aventurero. Durante el rodaje de esta última conoció a Pío Baroja, escritor al que admiraba y que acabaría por prologarle su novela Uno. El mundo del celuloide aparece en Cinematógrafo, que tiene, como las tres novelas que escribió, tintes autobiográficos.

La muerte prematura de Andrés Carranque de Ríos por cáncer, en octubre de 1936, y el franquismo relegaron al olvido la escueta pero interesante obra de este periodista, cuentista y novelista social, de gran proyección en su momento. Sus descripciones de Madrid se cuentan entre las más conseguidas del siglo XX y su figura personal resulta magnética. La próxima vez que pases  por el mercado no olvides mirar de reojo en las trastiendas: pudiera ser que hubiera anarquistas escondiéndose de la Brigada de Información, editando libros revolucionarios y, quizás, uno de ellos podría ser la nueva joven promesa de la literatura social.