Cómo ayudar a una persona triste o deprimida

Todas las emociones -también la tristeza- son útiles y necesarias en la vida, pero si vemos que algo se enquista e interfiere en la vida de una persona quizá estemos ante otro tipo de problema. ¿Sabes cómo ayudar a alguien que esté triste? Hay cosas habituales que no se deberían hacer...

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Sentimos tristeza ante la pérdida de algo que consideramos valioso. Puede tratarse de la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental o un despido. Pero también surge cuando lo que perdemos es la idea que tenemos de nosotros/as mismos/as, de los demás o del mundo, ya sea por humillaciones, derrotas o decepciones.

Es muy importante comprender que todas las emociones son útiles y necesarias. La tristeza nos motiva a la no acción. Estamos apáticos, sin ganas de nada. Pero, ¿en qué nos ayuda todo esto? Aunque resulte difícil comprender la utilidad de la tristeza, esta tiene una doble función: por un lado, nos ayuda a adaptarnos a la nueva situación, nos obliga a parar para que podamos darnos cuenta de los recursos con los que contamos de ahora en adelante tras la pérdida y evita que vayamos “como pollo sin cabeza” en una huida hacia adelante; por otro lado, facilita, a través de la empatía, el apoyo de los demás.

Y tú, ¿qué haces para ayudar a una persona cuando está triste? Supongo que llevado por el sentido común y la buena intención la intentarás animar, consolar, alegrar. Para ello puedes:

• Enumerarle una serie de razones por las cuales no debería estar triste: tienes buena salud, hay quien está mucho peor, tienes a gente que te quiere, etc.
• Darle consejos del tipo: disfruta de la vida, sal a divertirte, disfruta de las pequeñas cosas, tienes que ser fuerte, hazlo por tus hijos/as, tus padres, etc.
• Quitarle importancia y relativizar su situación: no te preocupes, no vale la pena, no es para tanto, hay muchos peces en el mar, etc.

Bueno, pues si es así, NO LO HAGAS. Todos estos mensajes pueden ser un gesto de solidaridad, amistad y amor, pero si se convierten en una orden, en una especie de obligación, podrán llevar a la persona a retener -más que a dejar ir- a la tristeza. El mensaje que le estamos transmitiendo es algo como: “No se debe, no puedes, no es normal, no es aceptable estar triste” (Williams, M., Teasdale, J., Segal,
Z., Kabat-Zinn, J., 2010). En consecuencia, intentará erradicar la tristeza consiguiendo que se intensifique e intentará forzar la alegría haciendo que resulte imposible.

Entonces ya no solo estará triste, sino que también estará triste por estar triste. Lo que en un principio era tan solo una tristeza sana y pasajera se mezcla ahora con sentimientos de fracaso, maldad e ingratitud con respecto a aquellos que la quieren y se esfuerzan tantísimo por ayudarla. Como dice Oscar Wilde: “Con las mejores intenciones se obtienen, la mayoría de las veces, los peores resultados.”

Ya sabemos qué no hacer, pero ¿cómo podemos ayudar? La respuesta es con la simple presencia: escuchando, abrazando, estando ahí… También transmitiéndole que la tristeza no es un signo de debilidad y que hay que aceptarla de manera natural como parte de la vida. Pero si vemos que la tristeza persiste en el tiempo, se enquista e interfiere en su vida, tal vez esté deprimido/a y entonces lo más conveniente será hacerle ver la necesidad de acudir a un psicólogo/a.

(Si quieres plantearle una pregunta a nuestra psicóloga, puedes hacérsela directamente a través de su instagram)

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