Casa Macareno, un plan B afortunado para comer y beber bien

Casa de comidas y lugar de picoteo estupendo, perfecto para el que le guste comer y beber bien

Íbamos en dirección hacia un sitio que dan tortillas y croquetas pero llegamos y había gente, mucha gente, y tras un momento de…

… decidimos «go», pues cuando veo mucha gente me sube la tensión arterial y los instintos asesinos se me revolucionan y eso no es bueno. Así que, vamos a por el plan B: Casa Macareno. Igualmente llenísimo tanto para picar como para cenar pero, por suerte, dos habían cancelado su reserva y nosotros decidimos rellenar su puesto (somos el chocolate del Bollycao, qué hambre).

Este sitio antes era otro sitio y de él hablé aquí. En este periódico también se habló, aquí, cuando la Casa do compañeiro iba a cerrar y, por supuesto, se produjeron los comentarios adecuados al momento, como el de F. que decía: «Abrirá algún gastrobar cool, al doble de precio y mitad de cantidad».

Bueno, en realidad, Casa do compañeiro ofrecía unas patatas bravas normalitas, con salsa picante de bote, a 7,50 € la ración y Casa Macareno las ofrece a 8,50 € la ración, de tamaño similar, con salsa picante y mahonesa caseros —por lo que he visto por ahí, pues no las he probado— e imagino de buena calidad, ateniéndome al resto de las viandas. ¿1 euro de diferencia compensa o no compensa? A los nostálgicos seguramente no, a los gastrónomos, si los hay, espero que sí. La nostalgia se alimenta de la falta de lógica y de recuerdos deformados por la edad/acompañantes u otros. Partiendo de eso, poco se puede debatir.

Vamos a lo que vamos. Debo destacar, pues es destacable, el personal: eran todos francamente amables y educados, llamativamente amables y educados, lo digo porque no suele pasar —ni entre el personal de hostelería ni en el mundo en general— y da gusto cuando esto ocurre. El establecimiento estaba abarrotado y los ritmos eran frenéticos y, a pesar de todo, tenían tiempo para la amabilidad, ¡bravo por ellos!

El local es como el anterior pero cuidado, han dejado los azulejos —creo talaveranos por los tonos amarillos y azules— en la zona del comedor, la barra típica de taberna con mármol; tienen mesitas, también de mármol, con pie de metal, unas lámparas tipo plafón semiarabescas y algunos platos decorativos artísticos que recuerdan a unos del zodiaco de otras épocas de Rosenthal, con su azul cobalto y su dorado. El público que lo rellena tiene una edad en torno a los 30 y es variado, incluye extranjeros (guiris para los que les guste esa palabra).

La propuesta gastronómica pretende ser la propia de una taberna, en plan picar, y de una casa de comidas, en plan comer. Además, hacen un guiño a cositas de la anterior Casa do compañeiro, como los yayos, véase vermú con ginebra propio de varias tabernas de la zona. Y, realmente, logran revisitar con calidad la propuesta tradicional.

De primero nos ponen pan (1 €/persona) con un pequeño picogteó hispánico, véase dos ricas cuñitas de queso manchego curado y dos rodajas de chorizo picantillo, junto al pan, mezcla de tostado y de hogaza ligerita, de miga suave y corteza crujiente y fina.

Para beber vamos por copas pues nuestros hígados ya tienen una edad y no son nostálgicos de las resacas pasadas. Un Urtum Crianza de Rioja (3,50 €/copa) realmente excelente. Se presenta en botella mágnum —sí, sin duda, se preocupan por la calidad— y no sé si por ser en botella grande o porque ese vino es así pero resulta estupendo, 100 % tempranillo que se manifiesta en un color granate oscuro, notas de regaliz y la suavidad aterciopelada característica de un Muga, un vino estupendo. Y, también, probamos un Tinto Prados Fusión ecológico D.O. Campos de Borja (3,50 €/copa) de Bodega Pagos de Moncayo. 50 % garnacha y 50 % syrah para un vino totalmente distinto del anterior, de color rojo vivo, más pungente, más ácido, más grosella, también muy agradable. Ambos perfectamente conservados, la oxidación propia de la botella abierta no los ha dañado, supongo que gracias a una gran rotación.

De primero, para compartir, elegimos ensaladilla «Macareno» con bonito (9,50 €). Una ensaladilla rusa como la que harías en tu casa si comes bien: buena mahonesa, buen bonito del norte (ventresca), encurtidos estupendis, véase alcaparrones y pepinillos, una excelente mezcolanza, sabrosa, suave, delicada con sus puntos de acidez (encurtidos) y una mahonesa en su punto de cremosidad. Gloria bendita. Detallito de panecillo crujiente en la ensalada con el nombre de la casa.

Luego, elegimos unos chipirones con chalotas, vermú y calabaza (15,50 €) que incluían también arroz, pimientos verdes y rojos. Los chipirones, con la firmeza justa y sabor a brasas combinan perfectamente con una salsa semidulce, los pimientos y la suave calabaza, todo ello acompañado de un arroz redondo al dente que, bañado en la salsa, resulta delicioso. Un plato realmente sabroso.

Y, para finalizar, cochinillo cristal asado a baja temperatura (24,50 €) acompañado con una ensalada de tomate, cebolla roja, aceitunas, orégano y alcaparrones. El tomate de la ensalada, ligeramente blando pero en conjunto, con la cebolla y los encurtidos, resultaba apetitosa.

Por su parte, el cochinillo, según nos contó la persona que nos atendió, se hornea durante 16 horas durante el fin de semana para luego servir a lo largo de la semana tras un rehorneado lento de unos 30 minutos. La textura de la piel era crujiente, muy agradable, en contraste con el interior tierno, que se deshacía, de sabor delicado para bañar con una salsa algo similar a la anterior de los chipirones, ligeramente dulce y sustanciosa. Un detalle más: cuchillos Laguiole, con su mosquita característica, que siempre tienen su encanto.

No pudimos tomar postre, aunque nos hubiera encantado, pues las cantidades son realmente copiosas.

En resumen, esta taberna castiza y casa de comidas revisitada está realmente estupenda. Ofrecen un menú amplio, vinos y materias primas de calidad y elaboraciones cuidadas, con mimo y gran atención al detalle. El personal es encantador. Espero que se convierta en un referente para próximas aperturas en la zona. Este establecimiento, como el nuevo Casa Fidel, es un lugar para el que disfrute comiendo; también en modo menú y picoteo. Bueno, nada, que me quedé muy contentis. Si te gusta comer bien, te lo recomiendo totalmente.

Web: http://casamacareno.com/

P.S. Feliz Navidad, próspero año y felicidad y todo eso.

P.S. I La cámara se me está sublevando, ya no quiere hacer fotos decentes, y la Canon resulta demasiado feliz para mi gusto. OK, Houston, we have a problem here.

La nostalgia, los guiris y los topicazos

Me fascina la nostalgia y su capacidad de distorsionar la realidad; la nostalgia por sitios cutres en España tiene un poder fantástico. Cuando cerraron El Palentino primigenio parecía que se iba a acabar el mundo. Hay algo que nos lleva a aferrarnos a nuestro pasado, a nuestras experiencias —e incluso a las de otros si es una mayoría en el grupo al que pertenecemos— para sentirnos seguros, para poder decir que hemos tenido un pasado y, a poder ser, que ha sido bueno o, mejor aún, glorioso. Entonces se magnifica la «magia» del lugar y, así, un sitio como Casa Camacho se puede convertir en un referente, aunque no haya cerrado todavía, porque ahí hay señores mayores, el establecimiento está así desde tiempos inmemoriales, hemos pasado nuestra juventud en él y podemos volver y reconfortarnos porque nada ha cambiado —literalmente— y, así, nosotros tampoco hemos cambiado, seguimos en nuestros 18 o nuestros 20; divina jumentud. Necesitamos seguridad, necesitamos tener raíces y, a poder ser, lugares de referencia que no cambien para sentir que todo sigue igual. Y, luego, está la fiabilidad de que un señor mayor esté allí. Porque si está un extranjero, un guiri como se dice a veces en tono despreciativo, entonces eso ya no es buen síntoma. ¿Por qué? No se sabe, tal vez porque consideramos a los extranjeros idiotas, al menos determinados extranjeros, otros, supuestamente, traen cultura. Los señores mayores saben de gastronomía y de todo y los guiris no saben nada, por eso son extranjeros.

Los topicazos son muy bonitos para reírse un rato, pero, ¿de verdad podemos creernos que donde come un señor de la 3ª edad —que, tal vez, el pobre no ha tenido muchas oportunidades de educarse gastronómicamente ni etílicamente y, con el tiempo, ha perdido el gusto— es un buen sitio, un sitio que merece la pena una visita? ¿Y que los guiris son gente estúpida que viaja sin informarse y se dejan llevar por los seres que nos venden un menú con fotos de filetes revenidos con patatas duras con vida propia de zonas turísticas? La Ardosa es de guiris, malo, y Casa Camacho de gentes del lugar, bueno. Y ya, y así está establecido y es irrebatible; así me lo aprendí yo. Y Casa do compañeiro tenía un encanto que no tiene Casa Macareno. Puedes explicar el precio y la calidad de las patatas bravas antes y después, da igual, ahí está el encanto, en el ambiente, in the air (como el amor, «¿dónde está que yo lo vea?»).

El ambiente lo da la gente y, por supuesto, la compañía de un señor mayor que, en el mejor de los casos, nos cuenta batallitas y, en el peor, nos escupe en el suelo, es mil veces mejor que el de gente de otros lugares, que en el mejor de los casos, aportan experiencias diversas y en el peor se emborrachan sin remedio y salen a gatas del lugar. También debe ser mucho mejor que nos sirva un señor con camisa de manga corta desabrochada hasta el esternón que un hipster.

El ambiente, los sitios cutres tienen su «no sé qué» —como «La Hoguera» de Krahe— que solo lo tienen ellos. La nostalgia y los prejuicios, como aniquiladores del raciocinio, hacen el resto. Y así, los señores mayores son guays y los extranjeros son tontos y, así, a la gastronomía no se le aplica la lógica sino «ese no sé qué».

¡Vivan los topicazos!

P.S. También está la racanería (pensar, sin razonar, nuevamente, que un sitio porque es cutre es más barato) y la zona de confort (no me atrevo a ir a otros sitios, me puedo encontrar fuera de lugar) como otros justificantes o impulsores de la defensa de la nostalgia a ultranza y como ejemplos de prejuicios con patas. De eso ya hablé en el despiece de este artículo.

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1 Comentario

  1. Luis

    Ya, lo que pasa es que Mari era un amor y guardo como oro en paño alguna cosa que me contó a cerca de la historia de los lugares. Ni, como dices, un sitio es mejor por ser cutre y viejo, ni tampoco un bar es solo el sabor de su salsa brava 😉

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