Historias del coronavirus: la canción diaria que unió a los vecinos de Valverde

Dos actores y una bailarina montan una discoteca de cinco minutos para animar la cuarentena a los habitantes de su calle

Pablo Piñeiro, antes de la canción (izda) y saliendo al balcón de Valverde (dcha)

Cada día, poco antes de las ocho de la tarde, los habitantes de la céntrica calle Valverde esperan el que para muchos es su mejor momento de la jornada. Desde un balcón del número 44, tres de sus vecinos están a punto de salir para organizar el aplauso a los sanitarios y a las personas que mantienen en funcionamiento la ciudad.

«¡Buenas noches Valverde! ¿Estamos preparadas y preparados para el aplauso de esta noche?» pregunta un joven, micrófono en mano, al resto de balcones. Algunos ya le esperaban agitando luces o linternas a izquierda, enfrente o a derecha. Incluso le saludan desde el tramo de la calle Colón que se divisa por su ventana. Comienzan las palmas, los vítores. Y después llega la canción.

 

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Desde hace ya casi dos semanas, este balcón de la calle Valverde se ha convertido en el epicentro de una microfiesta de tarde, que dura solo cinco minutos pero que ha servido para conectar a vecinos que hasta ese momento vivían sin fijarse demasiado en quiénes eran los que les rodeaban.

Los responsables son tres compañeros de piso, los actores Pablo Piñeiro, Tadashi Ito y la bailarina Guadalupe Cano, a los que la idea les surgió de forma espontánea, cuentan por teléfono a Somos Malasaña. Los primeros días de cuarentena hablaron con varios amigos que se habían quedado solos en sus casas y, para animarles, decidieron montarles un pequeño espectáculo con una lámpara de colores y varias canciones, retransmitiéndoles la fiesta casera a través de videollamadas. «Les llevábamos una discoteca a su casa en un momento», explica Pablo.

Una de las primeras noches, al tener el balcón abierto, llamaron la atención de los vecinos de enfrente, quienes les reclamaron que compartieran con ellos el buen rollo. Los tres se lo pensaron y decidieron hacerlo a lo grande al día siguiente: montaron un micrófono y un equipo de música potente mirando hacia la calle, programaron las luces de colores y comenzaron el espectáculo. «Empezamos con Mi gran noche el lunes 16″, recuerdan. La canción de Raphael resultó todo un éxito y, desde entonces, regalan una actuación todas las noches.

En la calle Valverde han sonado desde ese día temas de Queen, Miguel Bosé, Ricky Martin, Alaska, Michael Jackson, Melendi, Marvin Gaye… siempre reduciéndose a una canción cada día (dos el fin de semana), para animar a los vecinos pero también para no abusar y evitar molestar a los que prefieren pasar el confinamiento en soledad. «Queremos ser respetuosos con los vecinos que no quieren jolgorio, cada uno vive esta situación como mejor le resulta», puntualiza Pablo.

Los vecinos de enfrente

¿Cómo se tomaron estas actuaciones los vecinos? Lo cuenta José Manuel, que vive en un tercero, casi enfrente del balcón protagonista de este artículo: «La primera impresión fue la de ya estamos con los pesados buscando protagonismo y followers«, confiesa. «Después la percepción fue cambiando, al tercer día ya lo vi como algo necesario«, reconoce.

«La cosa está evolucionado al punto que en cada balcón se han ido incrementando la iluminación, son varios vecinos que llegados la hora ponen focos y luces de colores. La verdad que existen gran implicación por parte todos, están realizando una gran labor», detalla a la vez que valora que «algo tan simple como poner una canción» sirva para dar «un empujón moral para seguir aguantando confinados en casa, que no estamos solos, que entre todos podemos… es un chute de moral muy grande».

José Manuel graba todos los días la actuación y la comparte en Twitter con sus seguidores: «Salir al balcón y vernos las caras nos ayuda mucho y más estos días», explica a Somos Malasaña mientras detalla cómo la relación entre los propios vecinos de la calle ha ido cambiando a raíz de la canción diaria. «La gente empieza a interactuar unos con otros por el balcón, son 10 minutos suficientes para reconocernos», asegura.

Para él, que lleva cinco años viviendo en Malasaña, la cuarentena le ha acercado más a los que le rodean: «Ahora bajas al súper y saludas a esos que antes ignorabas. Lo cierto que estamos viendo más a menudo a los vecinos ahora que cuando no estábamos confinados. Una gran paradoja, la verdad», reconoce.

«Empiezo a conocer a mis vecinos y vecinas»

El espectáculo no se ve solo desde la calle Valverde y un trocito de Colón. Sus protagonistas lo retransmiten también con directos en sus respectivos perfiles de Instagram. «Lo hacemos para los vecinos que viven pisos interiores o en otras zonas de Madrid o de España», aclara Pablo. Se conecta gente incluso desde Almería para mandar saludos a una buhardilla de la zona.

«Algo muy bonito que está pasando es que empiezo a conocer a todos mis vecinos y mis vecinas», decía Pablo desde su ventana hace unos días antes de la pertinente canción, mientras iba preguntando balcón a balcón los nombres que todavía no conocía… Andrés, Chloe, Rober. «No teníamos ni idea de quién vivía en nuestro edificio, ni por supuesto quiénes eran los de enfrente», reconoce a este periódico. Pero ahora observan cómo han puesto en contacto a personas que, de una acera a otra, se quedan charlando entre ellos después de la canción.

Tadashi Ito, Pablo Piñeiro y Guadalupe Cano, impulsores de la iniciativa

A estos tres compañeros de piso el confinamiento les ha golpeado con fuerza en lo económico. Tadashi Ito, que lleva viviendo en esta calle desde hace más de 20 años, tenía un rodaje en abril que se ha cancelado. A Pablo también se le ha truncado un proyecto similar. Ambos trabajaban además en un gimnasio de la calle Hortaleza que ahora está cerrado. Guadalupe tuvo que volverse de Valencia, donde iba a empezar un espectáculo musical –Cruz de navajas– que iba a mantenerla ocupada hasta el año que viene. Todo al traste por la epidemia.

Pese a ello, el optimismo no decae y prometen seguir cada día animando la tarde a sus vecinos, siempre con canciones motivadoras «para levantar el ánimo, con estribillos que puedan cantar tanto los pequeños como los mayores».  Y, aunque saben que todavía está lejos, ya piensan en la canción que pondrán el último día de cuarentena. «Tenemos un temazo preparado, va a ser genial», avisan.

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