Arte urbano: ¿un cliché que ya no define su parte ilegal?

Alberto De Pedro y Nuria Mora hablan en Conde Duque de la historia del arte callejero madrileño y buscan un nombre alternativo a una expresión que, en su opinión, ha perdido su significado original

Proyección durante la charla en Conde Duque, con una obra de 3ttman | SOMOS MALASAÑA

Las palabras arte urbano fueron el eje central de la conversación que mantuvieron este sábado dos pioneros de la materia en Madrid, Alberto De Pedro y Nuria Mora. Ambos expusieron la evolución de las intervenciones artísticas en las calles de Madrid durante las últimas dos décadas, en una charla-conferencia acogida por Condeduque y organizada en el marco del festival Pinta Malasaña 2020.

La conferencia sirvió a los ponentes para trazar un recorrido de sus visiones del arte urbano madrileño, a través de experiencias personales dentro de este movimiento, que se inició en la capital a finales de los años noventa y principios del siglo XXI, como una forma de aprovechar los espacios en los que ya se estaba expresando el graffiti, pero apostando por otras técnicas y conceptos más allá de las letras y dibujos con spray.

Por aquel entonces la expresión arte urbano (o street art, su equivalente en inglés) la empleaba un grupo muy pequeño de personas en Madrid sin vocación de crear grandes obras, afirma De Pedro: «No teníamos mucha trascendencia y tampoco había redes sociales», explicaba durante su charla. Nombres como Eltono, Noaz, Remed, 3ttman, Nano o Neko iban buscando su forma de expresarse en las calles mientras la gente iba descubriéndolas. Uno desde Lavapiés, otros con sede en el mítico Noviciado 9

 

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. -Pared abandonada C/Jesus y María, Madrid 2009. -Cocina, Madrid 2008. Serie: Asegurada de incendios, Madrid 2005-18. #serie #nopermission #madrid

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Tanto Mora como De Pedro creen que en ese momento se formó una escena de street art en Madrid que reunía varias características comunes, algunas compartidas con el graffiti y otras que les diferenciaban, como explicaba Alberto en la charla: todos exploraban nuevos soportes, experimentaban con texturas, buscaban descontextualizar la obra del entorno expositivo y, sobre todo, lo hacían sin permiso de los propietarios de los lugares que intervenían. «Somos muy egoístas como artistas: elegimos los lugares que nos gustan y ahí ponemos nuestra obra», apostilló.

En el repaso de Alberto De Pedro al arte urbano madrileño, que se dedicó a documentar con su cámara, se incluyen originales formas de intervenir el espacio público como las marquesinas hackeadas de Neko, las figuras y letras sobre cemento fresco de 3ttman, quien también pintaba sobre carteles de publicidad sin que la policía le pudiera multar; los esténcils de Noaz, las rejas pintadas de E1000 o las fotografías impresas que forman parte de la obra del propio ponente. Algunas en formatos más pequeños y otras en paredes de gran tamaño, casi todas en calles del centro de Madrid.

Obra de Nuria Mora en un muro de Lavapiés

Nuria Mora hizo un recorrido por su obra en la calle y la variedad de formatos que utilizó desde que se lanzó con sus pinturas a la calle junto a sus compañeros de la facultad de Bellas Artes de la Complutense, a finales de los noventa. Al principio con formas geométricas junto a las líneas rectas de El Tono, su pareja, y después en solitario, añadiendo patrones vegetales y extendiéndose a otras texturas y superficies, como las paradas de autobús, sobre las que recortaba formas de hojas utilizando la capa plástica de su vinilo antigraffiti.

A la hora de elegir el espacio para sus intervenciones, Mora afirma que «lo importante era el lugar y establecer un diálogo con él», respetando sus texturas y adaptándose para intentar «no generar ruido, sino añadir un pequeño oasis en una metrópoli donde el uso de la imagen está estudiado para que no pensemos». Recordó que cuando empezó su carrera la ciudad estaba «mucho más limpia, no había tanta información y saturación». «Hice de la calle un lugar de interpretación y mi estudio, porque me interesaban cosas que no podía encontrar», añadió.

Festivales ¿de arte urbano?

La palabra arte urbano, a día de hoy, tiene poco que ver con esta concepción inicial de intervenciones furtivas y sin permiso. «El nombre se ha desdibujado y ya no significa lo que era. Hace años que no llamamos arte urbano a lo nuestro», admitía Alberto De Pedro.  «Entiendo que a la gente, cuando le hablas de arte urbano, tienda a pensar en festivales o en los murales», explicaba mientras Mora citaba a lo que aparece en Google para darse cuenta de lo que la mayoría de la población entiende por esta etiqueta:

Resultados de búsqueda de la palabra ‘arte urbano’ en Google

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) define al arte urbano como:

«Todo el arte que se desarrolla en la calle, al margen de los circuitos artísticos tradicionales (a veces de forma ilegal) y que busca dejar un mensaje político, social o cultural en un espacio público».

A diferencia de esta definición aséptica, tanto Mora como De Pedro creen que el componente espontáneo y sin permiso ha de estar siempre presente (no a veces, como dice la Fundéu) y critican que los eventos artísticos callejeros que se celebran en la actualidad se definan con esta expresión. Para De Pedro, que valora la existencia de festivales como Asalto en Zaragoza o Pinta Malasaña en Madrid, se trata de citas que sirven para decorar y que generan un cierto efecto Peter Pan en sus participantes, por acudir a mejorar visualmente determinadas zonas. «El arte urbano ha de ser ilegal, autoproducido, furtivo y fuera de los circuitos», sentenció Mora. Ambos fueron muy beligerantes también con la reciente intervención del colectivo Boa Mistura sobre las paredes de un polideportivo de Getafe que lleva la firma de Fisac, dentro del marco de otro festival celebrado en la ciudad hace unos días.

Durante el turno de preguntas del público, los ponentes recordaron con nostalgia cuando los primeros eventos de arte urbano celebrados en España seleccionaban solo a artistas que habían pintado antes en la calle, algo que no sucede en la actualidad. «No es mejor ni peor ni es cuestión de estigmatizar nada, yo misma pinto murales y como de ello», afirmaba Mora. «Pero no es lo mismo lo que hace Alberto De Pedro que lo que hace Boa Mistura», añadió. Ambos concluyeron que actualmente «no hay etiquetas» para poder designar este tipo de arte furtivo y se emplazaron a seguir buscando una definición que sirva para separarlo del resto.

NOTA: la charla completa de Nuria Mora y Alberto De Pedro, que se desarrolló como parte del las actividades de Mediación del centro cultural Condeduque, estará dentro de poco disponible. En el momento que se haga pública, la incluiremos junto a este artículo.

 

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