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Alfonso: un pseudónimo para dos genios de la cámara

Luis de la Cruz

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Alfonso. Sin más. Reconocible, como lo será luego de la misma manera su hijo, también importante fotógrafo. Un nombre, una dinastía, un estudio, y el nombre de una colección de fotografías para la historia de España.

Alfonso Sánchez García (1880- 1953) trabajó en diferentes medios (ABC, La Voz, La Libertad, Crónica, Estampa, Ahora, Mundo Gráfico...) Proveniente de una familia humilde, había empezado vendiendo libretos en las puertas del Teatro Real. Tras hacer méritos en distintos estudios de fotografía, empieza a hacer trabajos como reportero gráfico, como las fotos exclusivas del cuerpo incorrupto de San Isidro en 1897. En 1904 adquirió el pseudónimo que le hizo famoso. En esta época fue retratista de la clase política (Canalejas, Maura, Pablo Iglesias...). También hizo importantes reportajes, como el de la huelga revolucionaria de 1917 o la campaña militar de Marruecos.

Hacia 1918 había abierto ya su estudio en el número cuatro de la calle Fuencarral. Posteriormente abriría uno más grande en el número seis de la misma calle. Era uno de los más modernos del momento, equipado con una veintena de fondos para hacer retratos, y empleaba a veinte trabajadores.

Sin embargo, el estudio sufrió los estragos de los bombardeos durante la Guerra Civil, llegándo a perderse parte de su impresionante archivo.

“Cuando empezamos a ver que los obuses destinados a Telefónica se desviaban hacia nuestro estudio nos entró un desasosiego tremendo y comenzamos a idear un plan para poner las fotografías a salvo” Son las palabras del propio Alfonso, recogidas del libro Madrid 1936/1939. Una guía de la capital en guerra de Fernando Cohnen.

Alfonso separó su colección en cajas, que depositó en la casa de diversos amigos. Por otro lado, abandonó el estudio de la calle Fuencarral, demasiado expuesto a la aviación franquista, mudándose a otro que había abierto recientemente en la calle Santa Engracia. Allí trabajaron sus hijos Alfonso, Luis y José.

Existen fotografías del frente madrileño de Alfonso, pero será uno de sus hijos, el otro Alfonso (Sánchez Portela), el que se convertirá en el fotógrafo por antonomasia de la República y de la guerra. Alfonso hijo también se curtió como reportero de guerra, trabajando, por ejemplo, en el desembarco de Alhucemas. A partir de los años treinta colaboró en periódicos como La Libertad, junto con Ramón Gómez de la Serna.

Al terminar la guerra los dos Alfonsos fueron depurados, retirándoles el régimen franquista el carné de periodista. Sánchez Portela tuvo que dedicarse los primeros años a hacer fotografías por los pueblos para sobrevivir. Posteriormente podría volver a trabajar, sin embargo, continuando una gran carrera como fotógrafo durante el franquismo.

Ya en la Gran Vía, donde el estudio desembarca en 1939 tras quedar destruido el de la calle Fuencarral, el Estudio Fotográfico Alfonso se convertirá también en un auténtico museo, con millares de fotografías dedicadas de todo aquel que había sido alguien en la historia de España desde finales del XIX. Lo mismo Machado, que Capablanca o Margarita Xirgu.

Manuel de Falla, Baroja, Pablo Iglesias o Albert Einstein.

Los importantes fondos del Estudio Alfonso fueron adquiridos en 1992 por el Ministerio de Cultura.

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